¿Qué le pasa a Alario?

Al delantero se lo ve fastidioso dentro del campo y en la derrota con Patronato salió en el segundo tiempo: ¿desconectado del equipo o sin ayuda colectiva?

River convive con la irregularidad lógica de un equipo en formación, alternando momentos de gran vuelo futbolístico con tramos repletos de dudas e imprecisiones. Sin embargo, lo que más llamó la atención en la caída contra Patronato fue la pronta salida de Lucas Alario (jugó poco más de una hora), de intrascendente partido en Paraná.

Más allá de ser el goleador indiscutible del equipo, hace tiempo que se lo nota fastidioso, haciendo gestos ampulosos dentro del campo y quejándose por la poca asistencia que tiene de parte de sus compañeros.

Su alto promedio de gol (casi medio tanto por encuentro) sube su cotización cuando se pone bajo la lupa la cantidad de posibilidades que tiene durante los encuentros. Hasta en los momentos de gran despliegue futbolístico del equipo (la primera media hora contra Patronato es un ejemplo), el delantero suele quedar desconectado y recibe la pelota poco y de manera incómoda.

. Fallas en la zona de definición

River es un equipo que se caracteriza por la tenencia de la pelota, la amplitud del campo de juego y las variantes para definir tanto por fuera como por dentro. En ese intento de buen juego, son fundamentales los roles de los laterales (Moreira y Casco), quienes tuvieron un gran arranque de temporada, pero fueron bajando su nivel en ataque y también su precisión a la hora de tirar los centros, lo que hizo que, en Paraná, Alario no tuviera jugadas de peligro.

. Ausencia de un armador

En River juegan todos para todos, no para el 9, lo que termina perjudicando la labor goleadora de Alario. Ante Patronato (incluso en el mejor momento del equipo) hubo varias oportunidades para asistir al delantero, pero se terminó priorizando la definición individual o la apertura del campo en situaciones que invitaban a encontrar al 13.

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Al no usar a D’Alessandro como enganche, Gallardo prioriza la movilidad constante de los mediocampistas (se les suman Driussi y los laterales) para generar huecos en las defensas rivales. River suele realizar correctamente esa parte del trabajo, pero no logra ubicar a ningún jugador en posición de asistir a Alario y dejarlo mano a mano con el arquero.

Esa es una situación que se repite partido a partido: de los 5 goles que lleva convertidos en el semestre, dos fueron a raíz de un córner (Independiente Santa Fe y Banfield), uno de penal (Vélez) y dos por centros cruzados (San Martín y Arsenal).

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De hecho, el último domingo solamente tocó 4 pelotas cerca del área de Patronato: una fue la pared que hizo con Driussi, dos fueron de espaldas y muy presionado y la última estuvo en offside y yendo de afuera hacia adentro del área.

. Alejado del juego

La responsabilidad de convertir en goleador a Alario es colectiva, lo cual obviamente coloca al propio delantero como parte del problema. En Paraná se lo notó muy desconectado del armado de juego y alejado de la zona de elaboración, no mostrándose como opción de descarga.

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El factor psicológico juega un papel fundamental en el desarrollo del partido y del accionar de los jugadores. Las intermitencias de Alario ante Patronato seguramente hicieron que afectara sus movimientos y quedó constantemente lejos de la zona de definición de las jugadas, mientras que fue Driussi quien llegó a posición de gol.

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