Puntajes vs. Arsenal: Siempre está

En un partido que River dominó de principio a fin, Lucas Alario fue determinante en cada intervención. En las manos de Pellegrino quedaron las razones de su único gol.

Augusto Batalla (6): Respondió en las pocas oportunidades que lo llamaron a la acción. Volvió a demostrar seguridad, se afianza en el arco más grande del mundo.

Jorge Moreira (6): Contenido en el ida, fue muy prolijo en la vuelta. No sufrió en defensa y se incorporó a la amalgama de juego siempre que pudo.
Arturo Mina (6): Fuerte por arriba, preciso por abajo. Una dupla que se fortalece con Jonatan Maidana.
Jonatan Maidana (6): Siempre a tiempo y a pesar de todo, de los dolores y las patadas. Resistió en las alturas, alejó todo tipo de peligro lejos del área de Batalla.
Milton Casco (6): En el ida y vuelta, alternó buenas y malas. La mejor, su regreso. Se lo vio recuperado y entero de cara a lo que sigue. Prolijo en la entrega.

Leonardo Ponzio (7): Ganó el medio en un equipo que piensa más en el arco rival que en el retroceso. Es el que balancea las acciones y es el responsable que haya armonía entre tantas aspiraciones ofensivas.
Nacho Fernández (7): Complemento perfecto para Ponzio. Su deber es unir las partes, que no haya dos mitades sino un equipo, y lo hizo con creces. Contracción en la marca y siempre cerca del gol.

Andrés D’Alessandro (6,5): Las pidió todas y resolvió con clase. Enganchado, dejó en cada bola un tendal. Fue reemplazado en la segunda mitad para cuidar piernas. En este equipo todoterreno, su rol es clave.
Pity Martínez (6): Alternó buenas y malas pero siempre intentó. Cuando se recostó al medio fue determinante. La línea lo limita y cuando salió de ahí fue decisivo. Tuvo la suya, la de todos los partidos, y la dejó pasar…

Lucas Alario (7): Un león. Todas las jugadas de peligro lo tuvieron como protagonista. Dos tiros al travesaño, dos que murieron en atajadas milagrosas de Pellegrino y un gol que dio el acceso a la siguiente ronda.
Sebastián Driussi (5): Mucho en el toque corto, poco de cara al arco rival. Hizo el trabajo sucio, el que benefició al equipo pero no a su rendimiento individual