De preferido a prescindible

Leonardo Pisculichi, fundamental en los primeros tiempos del ciclo Marcelo Gallardo, está más afuera que adentro de River. Ahora se quedó al margen del duelo con Gimnasia. Los motivos.



Nadie le quitará a Leonardo Pisculichi el enorme mérito de haber metido uno de los goles más importantes de la historia reciente de River. Cómo olvidarse de aquel zurdazo letal e inatajable para Orion que sirvió para ganarle la semifinal de la Sudamericana 2014 a Boca, Copa que a la postre se terminaría levantando, justamente, con otro zurdazo del número 15 en Medellín frente a Atlético Nacional.

Pisculichi es -o fue- uno de los hombres más determinantes del ciclo Gallardo. Pero no le escapó al bajón general, sobre todo en el último año. Ya había perdido el puesto en la segunda fase de la Copa Libertadores 2015, cuando el Muñeco decidió implementar un 4-4-2 con la presencia de Ponzio en la mitad de la cancha.

Al ex Argentinos Juniors le costó volver a ganarse un puesto. En 2016 parecía que repuntaba después de un golazo de tiro libre ante Trujillanos. Esa pegada, determinante también en goles de muchos compañeros después de una maniobra a balón detenido, era fundamental para meterlo en el equipo. Pero no.

La llegada de D’Alessandro le quitó chances. Y cuando las tuvo las desperdició. Gallardo lo terminó desafectando de un choque clave en su ciclo: la revancha con Independiente del Valle la vio desde atrás del arco. Ni al banco fue Piscu. No le gustó. Y al DT no le gustó la actitud de uno de sus jugadores fetiche.

Con un año de contrato por delante, trascendió que fue ofrecido a la Universidad Católica. ¿Será Piscuchile? Porque sus horas en Núñez estarían contadas. Porque a diferencia de Barovero y Vangioni no podrá despedirse del Monumental jugando, ya que ni siquiera se concentra para el duelo con Gimnasia. Porque pasó de preferido a prescindible. Ni más ni menos.