Murió de pie

River lo peloteó a Independiente del Valle y se encontró con una tarea enorme del arquero Azcona. Apenas ganó 1-0 y se quedó afuera. La gente ovacionó la entrega. Es el fin de una era.


No habrá reproches para la última foto de River en la Copa Libertadores. El campeón se quedó afuera. Aunque hay que ser justos: no hizo un buen torneo. Pocas veces dio la talla. Y lamentablemente se mancó en octavos.

¿Fracaso? Es posible. Porque la vara estaba muy alta. Y las expectativas eran enormes. Pero los de Gallardo no estuvieron a la altura. También hay que marcarlo cuando el reconocimiento florece porque la noche del todavía campeón de América no fue mala. Todo lo contrario.

River necesitaba jugar muy bien para pasar. Y sobre todo precisaba goles. Arrancaba la serie dos 0-2. Jugó bien, sí, lo reventó a pelotazos a Independiente del Valle, pero la eficacia es parte del juego. Y encima se encontró con un arquero que sacó hasta las que se iban afuera.

El estado del campo de juego fue contraproducente. No estaba bien. Eso impidió jugar por abajo. De cualquier modo, el equipo se las ingenió para generar una parva de situaciones de gol. 19 chances tuvo. Apenas convirtió una.

De entrada, los costados comenzaron siendo claves para desequilibrar. No así los envíos a balón detenido, la mayoría desaprovechados. Y otra opción fue rematando desde afuera del área. Por esas vías, River sembró mucho, pero no cosechó nada en el primer tiempo.

Casco fue bien por izquierda. De un par de desbordes suyos casi la mete Mayada entrando por el segundo palo y un cabezazo de Alonso cayó en las manos del seguro Azcona, quien no daba siquiera un rebote.

El uruguayo, la apuesta fuerte de un Gallardo que relegó a Alario, pivoteaba todas bien, aunque en el área estaba errático. Como en esa volea que tiró arriba en absoluta soledad luego de una buena jugada preparada por D’Alessandro, que no tuvo su mejor noche, pero siempre se mostró como conductor, jamás escondió.

La mejor por abajo fue a los 15 minutos. La tocaron varios, pero Mora la tiró arriba cuando el arquero ya estaba volcado hacia un palo.

Desde afuera intentaron varios: Mora, Ponzio, D’Alessandro… Pero nada, no había caso. River era más desde el juego, pero si no la metés…

Independiente atacaba poco. En una contra asustó a todos, pero Barovero tuvo una tapada de arquero de equipo grande ante José Angulo. Fue el único momento que la defensa quedó mal parada. Porque Balanta tuvo que salir a cortar a la derecha y fue endeble en el mano a mano.

Faltaban los goles. Ni más ni menos. Mercado lo tuvo de cabeza. La chilena de Mora fue a las manos de Azcona, que parecía invencible. El partido pedía a Alario, porque River a veces se repetía en centros. Y Gallardo tocó ahí: Mayada afuera, adentro el ex Colón y Mora más retrasado.

Alario lo tuvo de derecha, lo sacó Azcona. Al toque el travesaño le dijo que no a Lucas tras un cabezazo. El mismo caño se lo negó a D’Alessandro. Insólito que a esa altura River no estuviera ganando por goleada.

Finalmente, de tanto ir, el grito llegó. A los 78 minutos de partido. Tarde. Entre Alario y un defensor ecuatoriano pudieron quebrar la resistencia de Azcona en el primer rebote que dio. Con diez minutos por delante, River fue con el corazón en busca de los penales.

No hubo caso. Ni una pizca de suerte. River murió de pie. La gente reconoció la noche, el juego, la entrega, las llegadas. Pero a la larga se pagó la floja noche de Quito, con una catarata de desatenciones. La serie duró 180 minutos y no se pudo imponer ante un contrincante limitado, de pocos recursos, endeble, que se encomendó a su arquero. Eso también se lamentará cuando se mire toda la película y el árbol no tape al bosque. Y encima, en Ecuador, el árbitro lo perjudicó no cobrando un válido gol de Alario y un penal.

No hay que olvidarse que el semestre ha sido malo. Que el andar en la Copa fue pobre. Que el carácter del campeón pocas veces apareció. Que se terminó una era. Que no todo es para siempre.

Imagen: Nicolás Aboaf