Fueron todos aplausos

El Monumental despidió con aplausos a los jugadores de River, valorando el juego y la entrega, luego de la eliminación de la Copa Libertadores ante Independiente del Valle.


No hay reproches. Tampoco silbidos. Mucho menos insultos. Sólo se escuchan aplausos. El Monumental es una olla en ebullición que no puede delirar. Se lamenta por las situaciones perdidas. Y la última imagen es la postal de la eliminación: los jugadores de River, cansados, algunos en el piso, otros con la mirada hacia abajo y con la lengua afuera y los hinchas aplaudiendo. Los de la platea se paran y acompañan a los de la popular. Como si fuera un teatro, el Monumental aplaude un largo rato.

La obra no terminó con final feliz pero el reconocimiento está igual. Después de tantas pálidas, los fanáticos millonarios le reconocen a los jugadores el esfuerzo y agradecen los títulos conseguidos en los últimos dos años, por más que falten jugadores de aquellas proezas. Entonces se entona: “Gracias, por esa alegría, de salir primero, de salir campeón”. Un cantito que se escucha habitualmente cuando hay una vuelta olímpica. Esta vez no la hay pero se canta igual.

Los hinchas jugaron su partido. Desde el principio, antes de que salieran los equipos. Con esas bengalitas de las que sale tanta luz como humo. Para que el estadio entrara en efervescencia. Para que los jugadores de River sintieran el respaldo y los ecuatorianos, temblaran al ver semejante espectáculo.

Era una noche de Copas especial. Como todas las que River jugó desde 2014 hasta acá. El Monumental pasó de la fiesta inicial a la incertidumbre, a la ansiedad pero también al canto profundo. “Vamooosss, vamooos, millonaaario, que esta noche, tenemos que ganar”, se escucha una y otra vez. Pero el gol no llega. Las chances pasan hasta que Alario trae de nuevo la esperanza. Y el Monumental explota. Tiene el grito contenido, espera el gol que lleve la serie a los penales, al menos. Pero no. No llega ese gol. Y aparecen los aplausos. Esos aplausos que caen de los cuatro sectores para despedir a un equipo y, sobre todo, a un entrenador, que le dio mucho.

Imagen: Nicolás Aboaf.