Ni a palos

Jugando con uno más durante casi una hora, River no pudo romper a Vélez. Cuando llevó peligro, los palos le dijeron que no. Y fue 0-0.


Por las chances que acumuló en el último tramo del partido, posiblemente haya merecido mejor suerte ante Vélez. Pero el River muletto tampoco anduvo en este tedioso torneo local. Y fue 0-0. Otro cero grande.

Gallardo paró de movida un equipo suplente pero con mayoría de profesionales (los más pibes fueron Batalla, Carreras y Olivera). La apuesta fue más por obligación que por convicción, ya que guardó a los titulares para la revancha con Independiente del Valle.

En el primer tiempo, River generó muy poco. Sin creación. Con Pisculichi tan errático en la creación como en la definción, como en ese cabezazo que rechazó en soledad cuando con un frentazo podría haber convertido el 1-0.

Vélez respondió con un desborde de Toledo y el cabezazo de Alvarenga encontró un gran respuesta a mano cambiada de Batalla.

Al rato, Grillo se fue expulsado. Aún así, con uno más, River no podía imponer condiciones. Lo único antes del descanso fue un cabezazo de Bertolo entrando por el segundo palo luego de un muy buen centro del Pity Martínez, quien aún con imprecisiones mostraba destellos de calidad.

En el complemento, el Millonario tomó la iniciativa. Tenía que pesar el 11 contra 10 en el Monumental. Pisculichi volvió a comerse un gol increíble. Luego de un corner sólo tenía que empujarla debajo del arco, pero la tiró arriba. Si la dejaba pasar, Lucho González estaba cómodo para convertir.

En la última media hora, Gallardo rompió el sistema. Sacó a un defensor (Olivera) y agregó a un volante ofensivo (Andrade). Tres en el fondo y una acumulación de buenos pies para ganarlo. Igualmente, se repetía en centros.

Vega lo tuvo con un fierrazo, Palacios también le quemó las manos a Aguerre, el palo se lo negó a Andrade y a Vega. Se acumulaban chances como para creer en un triunfo reconfortante para el ánimo y encarar lo que viene por la Copa, el 0-2 ante los ecuatorianos, el próximo miércoles.

Pero cuando ni la suerte te ayuda… no la metés ni a palos. Otro cero grande.

Imagen: Nicolás Aboaf