¿Lo da vuelta?

En la ida de octavos de la Copa Libertadores, River cayó 2-0 ante Independiente del Valle. Fue otra floja actuación del equipo de Gallardo, al que le anularon mal un gol por un offside inexistente de Alario. La revancha será el próximo miércoles, en el Monumental.


La historia no es irreversible, pero River está ante un desafío mayúsculo. Deberá dar vuelta la serie de octavos de final ante Independiente del Valle, rival que con poco le ganó 2-0.

El campeón de América no hizo una buena tarea en la altura y profundizó su crisis futbolística. Aunque tiene mucha vida y recursos para que la historia se revierta. De Gallardo y los suyos dependerá.

River salió con un plan diferente al de los últimos partidos. Sacó delanteros e incluyó volantes. La idea era tener más contención en la zona medular, tapar bien los costados y que D’Alessandro tenga menos recorrido en la altura, que juegue más suelto.

De entrada, el local martilló por la derecha. River no cubría bien la banda. El tándem Casco-Driussi, recostado ahí como en la Copa del año pasado en la serie con Boca, no hacía pie. Mina metió un cabezazo que pasó cerca y entre Maidana y Balanta (el más confiable) rechazaban todo lo que pasaba cerca de Barovero.

Independiente tenía casi como recurso único abrir la cancha. Más tarde lo haría con Cabezas por la izquierda, quien complicó a un Mercado poco auxiliado por Mayada. El local iba bien, pero cerraba mal las jugadas. Y entonces la defensa Millonaria aparentaba estar bien parada.

¿Y en ataque? River no sacaba limpia la pelota. Domingo y Ponzio se multiplicaban en errar pases sencillos, comprometiendo el buen destino hacia los pies de D’Alessandro. El zurdo, influyente en la Bombonera, no podía recibir cómodo y tenía muy separados a sus eventuales socios.

Un par de veces encontró con pases filtrados a Driussi, aunque el pibe no pudo definir correctamente. De cualquier modo, era muy poco lo que River generaba en Quito. Independiente no mostraba solidez, los centrales daban ventajas. Pero había que atacar.

En el complemento el interrogante era saber cómo iba a sostener el ritmo de jugar sobre 2.800 metros. Gallardo tomó una decisión fuerte: sacó a D’Alessandro (puso a Mora). River adoptó una postura más conservadora, apostó a la contra y resignó la tenencia del balón. Quiso planchar el partido, quitarle ritmo y vértigo al cuadro ecuatoriano. Y que las bandas sufran menos en los mano a mano.

Lo llevaba bien, con Mora activo, con Driussi metiendo diagonales aunque errático en el último tiro. Pero en un descuido, Independiente pegó fuerte. Mina presionó en el medio, Sornoza la puso entre líneas con River saliendo, Cabezas cedió para José Angulo y éste ajustició a Barovero. 0-1.

Gallardo metió mano otra vez. Alario por Alonso (9 por 9) y Lucho González por Domingo, amonestado, con el fin de tener más y mejor precisión en la corta. Necesitaba sedar un poco el partido tras el mazazo del gol en contra.

El palo salvó a Barovero luego de un tiro libre de Sornoza. Y River encontró el empate por una gran definición de Alario. Pero la jugada se anuló por un offside inexistente del ex Colón, ya que Mina habilitaba. Hubiera sido el 1-1, un resultado ideal para definir la serie en el Monumental el miércoles próximo. Ni hablar la siguiente acción, con Alario poniéndole mal la cabeza a un centro que lo encontró solo, adentro del área chica y con el arquero entregado. También lo tuvo Mora con un zurdazo, pero Azcona voló y la sacó por arriba.

En los últimos 10 minutos, River activó como nunca en todo el encuentro. No le cobraron un penal claro y sí le sancionaron uno en contra (que fue, de Maidana) que Sornoza cambió por gol. 0-2. Cuesta arriba. Complicado.

La realidad es que el campeón de América no dio la talla. Es cierto que un gol, con el sistema de la Copa, le hubiera venido bárbaro. Quizás se acordó tarde de atacar. Quizás la altura le pesó. O quizás, lo más probable, sea la continuidad de un pobre nivel de hace muchos meses. ¿Lo da vuelta acá?