“No sé si realmente estoy a la altura de los grandes”

Barovero comienza a despedirse de River. Habla de la Selección. Y cree que Amadeo, Fillol y Pumpido “son inalcanzables”. 



“La decisión ya está tomada y no hay vuelta atrás. Pasa por una cuestión de cómo se vive el fútbol en la Argentina y no poder manejar ciertas situaciones que me exceden. Acá la pasión se desborda, y no sólo es con uno, sino que rodea a toda la familia. Es momento de darles prioridad a ellos”.

Marcelo Barovero ensaya su despedida de River. Será el 30 de junio, aunque no descarta estirar todo si el equipo pasa a las semifinales de la Copa Libertadores. Y se planta: “Se están diciendo muchas mentiras que es bueno aclararlas: la decisión no pasó por eso (un problema con su familia tras la noche del gas pimienta) ni por un hecho puntual, se analizan muchas cosas sabiendo que es la decisión más difícil que me toca en el fútbol. El recuerdo de aquel Superclásico es muy triste. A nosotros nunca nos terminó de llenar, sino todo lo contrario, sentimos un vacío. Esa fue una victoria rara, distinta”.

En una entrevista con La Nación, sin desmentir a su representante, Marcelo Francheschini, quien ayer dijo que “si Martino lo convoca, él se queda en River”, el 1 analiza otras cosas para explicar su salida. Igual, no le esquiva al tema: “El sueño más grande es la Selección, pero es difícil que se cumpla. Con el tiempo ya me empecé a resignar, lo veo difícil. El momento de mayor explosión o pedido pasó, y después hay algo normal de esta época que es que la gente se acostumbra a ver al mismo jugador y pasa el momento y se olvida. Veremos, pero considero que por ahí el momento pasó y no queda más que desear que se pueda cumplir el sueño”.

Con sinceridad brutal, agradece el cariño de los hinchas, que lo tienen en el pedestal, aunque sentencia que “yo no sé si realmente estoy a la altura de grandes como Amadeo, Fillol y Pumpido, que marcaron la historia del arco de River. El tiempo dirá qué lugar ocupo, creo que ellos son inalcanzables”.

Marca un momento puntual del crecimiento del equipo: “Las cosas deportivamente se encaminaron desde la llegada de Ramón. El semestre que había elecciones y tuvimos un mal torneo, igual nunca se dejó de trabajar. Ramón fue muy claro cuando quedamos eliminados con Lanús en la Sudamericana, que fue muy difícil para todos. Pero nos mostró fortaleza y sólo se dedicó a trabajar. El resultado se vio a los seis meses. Obviamente que estos cambios también llegaron de la mano de la nueva dirigencia, con cosas que empezaron a modificar mucho nuestro entorno. En la parte deportiva, un tiempo antes ya habíamos empezado a cambiar”.

De sus seis títulos ganados no elige ninguno en particular: “Me quedo con la sucesión de títulos que pudimos lograr, desde que salimos campeones con Ramón”. Y entre los momentos individuales se queda con el penal a Gigliotti en la Sudamericana 2014: “Fue lo más fuerte de mi carrera en River. Pero en ese instante quedaban todavía casi 90 minutos de partido y no pude disfrutar a pleno. De todas maneras, terminó siendo mucho más importante luego quedarnos con la Sudamericana. Ese triunfo marcó un antes y un después en el plantel. Porque una derrota nos hubiese hecho tambalear anímica y futbolísticamente. Después de eso se vinieron todos los logros seguidos, el grupo tomó más confianza y no paramos de ganar cosas”.

Por si le faltara honestidad, confirma que “si no hubiera sido jugador, habría terminado en el minimercado o en reparto de frutas y verduras con mi viejo. Cuando mis viejos me dejaron ir a las inferiores de Atlético de Rafaela, me dijeron que la obligación era terminar quinto año y después veíamos qué pasaba. Pero no creo que me hubiese metido en ninguna carrera universitaria”.

Cuenta una anécdota del mejor del mundo: “Con Messi durante el partido (la final del Mundial de Clubes), sólo le dije que le había cumplido el sueño a mi hijo cuando le atajé el remate en esa jugada. Después, cuando terminó el partido, le pedí la camiseta de Bravo y le entregué la mía. Cuando volvió, me trajo además sus botines para que se los de a mi hijo. Ni bien se los entregué, su cara fue de sorpresa total. Fue un momento único y con mucha emoción”.

Y cierra: “Anhelo jugar siete u ocho años más”. El mundo River sueña verlo otra vez defendiendo el arco más grande del país. Y eso que todavía no se fue…