River dejó más preocupaciones en la fiesta de Peñarol

En el partido inaugural del nuevo estadio de Peñarol, River jugó mal y perdió 4-1. Nacho Fernández fue el autor del único gol


Si la apuesta de Gallardo en Montevideo era recuperar el nivel -o parte del mismo- ante Peñarol, la movida salió mal. Casi nada positivo se lleva del viaje a Uruguay. Apenas D’Alessandro, que con un par de toques de su clase pudo llevar algo de peligro y contagiar a sus compañeros. Aunque el resto de los vestidos de rojo y blanco tuvieron pocas respuestas.

De movida, el Muñeco no quiso implementar la rotación. Como no tuvo disponibles a los lesionados y a los que están con la Selección, apostó por el River más titular.

Sin opciones atrás, Ponzio otra vez fue de 2 y el doble 5 quedó conformado por Arzura y Domingo. Pero no hubo contención, las coberturas grupales fueron deficientes y desde lo individual tampoco hubo respuestas.

Ya al minuto, Murillo se le filtró por la espalda a Ponzio y su cabezazo besó el palo. Al ratito, otra vez el colombiano quedó mano a mano con Barovero, quien salvó la ropa antes de salir por lesión.

Con Chiarini en la valla, Peñarol encontró el gol. El ex Instituto tuvo responsabilidad en el 1-0, de Forlán, brindando un rebote que el rubio supo aprovechar. El 2-0 llegó rápido. Ahora sí Murillo iba a capitalizar los espacios. Todo había nacido en una mala entrega de Domingo. El resto, mal parado en la contra, no pudo bloquear la eficaz maniobra de los uruguayos.

Se dijo: lo único bueno era D’Alessandro. Pudo descontar con un tiro libre que contuvo Guruceaga. Le metió un claro pase gol a Casco, que la terminó mal queriéndola poner por encima del arquero. Y participó en el descuento, con un centro exacto a la cabeza de Ignacio Fernández.

En el entretiempo, Gallardo movió el banco. Adentro Lucho González, Driussi, Bertolo y Alonso. Ya no estaba D’Alessandro. Ya había pocas ilusiones de remontar la historia.

River siguió desconcentrado. Nadie marcó a Aguiar en un rebote tras un corner y el ex San Lorenzo ajustició a Chiarini. 1-3.

Insistió con Alonso, merodeó el área, pudo descontar, le sacaron el descuento a Iván sobre la línea, pero en otro bochazo largo ahora fue Palacios el que rompió de afuera hacia adentro y dejó en el camino a Chiarini para poner el 4-1.

En la fiesta de Peñarol, River no supo cómo arruinarla. Quizás hoy no tenga demasiados motivos para hacerlo. Y, lo peligroso, es que el campeón de América se haya acostumbrado a perder. Hasta en los amistosos…