Típico partido de Copa: empate

En un duelo luchado, River no sacó diferencias ante San Pablo: 1-1. Logró el empate con un gol en contra. Ni con el ingreso D’Alessandro se pudo ganar ni mejorar la versión futbolística.


Fue un típico partido de Copa Libertadores. San Pablo vino a hacer su negocio. River no supo contrarrestarlo. Y empataron. Al vigente campeón de América un triunfo le hubiera posibilitado cortarse en el grupo 1 con el sorpresivo líder, The Strongest, al que visitará el próximo miércoles en La Paz.

Conforme con el rendimiento ante Boca, Gallardo sólo tocó por obligación. Hizo un cambio tan lógico como arriesgado: sin Maidana, lesionado, Mammana volvió a su puesto natural de primer marcador central, acompañado por su ladero de la categoría 1996, Vega, debutante absoluto en torneos internacionales.

Mantuvo el doble pivote que tan buenos dividendos le dio ante Boca. Y guardó buenas piernas en el banco, sobre todo D’Alessandro. River arrancó como para llevárselo puesto a San Pablo. En los primeros diez minutos generó tres chances claras de gol. Denis se tuvo que revolcar ante un cabezazo y un zurdazo de Alario. Y la mala suerte le dijo que no a un testazo de Mora, que dio en el travesaño.

River ya dominaba, pero no concretaba y, como pasó en el Superclásico, la falta de eficacia le iba a generar un gran dolor de cabeza. San Pablo iba a ser más letal. Ganso calzó excelente un rebote y de zurda la incrustó contra un rincón. 0-1.

Tras el gol, el trámite se emparejó y River comenzó a apurarse en ataque, mientras los de Bauza contaban con espacios para meter el segundo, ya que los de Gallardo no se escalonaban bien en algunos contragolpes. Centurión comenzaba a dañar en su mano a mano con Vangioni, tan necesario para abrir por afuera como para defender con el ímpetu que lo caracteriza.

El campeón de América otorgaba espacios, quedaba mal parado, sobre todo por malas entregas de sus propios jugadores. Pero el fútbol es tan lindo e incierto que en su peor momento, River encontraría la alegría parcial.

Como no podía meter los goles, entonces lo iba a ayudar San Pablo. Entre Denis, que rechazó mal, y Thiago Mendes, que justaba estaba parado hacia donde fue el balón, se metieron un gol en contra insólito y pusieron el 1-1. La dosis justa de suerte que todo equipo necesita.

En el final del primer tiempo, un error de Marcelo Barovero con los pies (es humano) casi provoca un gol de Calleri, pero entre el arquero y Vega enmendaron la macana.

En síntesis, River había jugado bien diez minutos, pero luego se había pasado de revoluciones. Los laterales, llaves con Boca, estaban bien custodiados. Vangioni tenía un duelo personal con Centurión y Bauza, para tapar a Mercado, había puesto un doble 3, con Carlinhos en el medio.

River necesitaba un poco de pausa ante tanto vértigo. Cualquier volante estaba para dejarle su lugar a D’Alessandro. Nacho Fernández no se enganchaba partiendo desde la derecha. El doble 5 era productivo para el combate, pero no generaba nada con la pelota. Y ahí apuntó Gallardo. Afuera Ponzio, adentro el Cabezón. Domingo de 5 solo y Andrés de enganche, su hábitat.

San Pablo tuvo una chance inmejorable, pero Calleri, adentro del área chica, la agarró mal y la tiró arriba. ¿Y River? Casi a los 30 iba a meter miedo con un centro de D’Alessandro que se metía y Denis, ahora sí, intervino de gran forma.

En los últimos 15, River lo arrinconó, con más empuje que claridad, pero tuvo sus oportunidades. San Pablo ya estaba refugiado. A Mammana le faltó fuerza para empujar luego de un corner. Mercado se nubló y la tiró alto después de un corte en tres cuartos. Mora le pegó horrible. River iba al frente, pero asumía riesgos. Tantos que de una pérdida de D’Alessandro casi Hudson ajusticia a Barovero, pero Mammana acompañó bien en el cierre. Fue una polémica, San Pablo pidió penal.

Y fue empate. No se sacaron ventajas. Una pena porque River se podría haber cortado arriba. Pero no supo ganarlo.

Imagen: Nicolás Aboaf