Por Alario, River se ilusiona

No jugaba bien e iba camino al 0-0 con Independiente, pero apareció Lucas Alario con una definición colosal y River sigue en la pelea.


Gracias, Alario. Por vos River aún se puede ilusionar. Aunque aún no termine de redondear buenas actuaciones. Por él, se le ganó a Independiente para quedar a seis puntos de Rosario Central, líder de la zona 1. Y, de paso, esperar a Boca con otro ánimo.

River sufrió el partido. Sin pausa, con vértigo, lleno de imprecisiones. El Rojo no salió de esa monotonía. Había olor a 0-0. Hasta que apareció Alario para arreglar todo.

A River le costó una enormidad elaborar juego en el primer tiempo. No tuvo salida limpia. Gallardo decidió incluir desde el arranque a Ponzio y Arzura. Pero ninguno le daba destino correcto a la pelota y tampoco presionaba en campo rival. Jugaban en línea, pero en lugar de complementarse, se anulaban. Y quedaba mucho campo entre ellos y los puntas, Mora y Alario. Eso sí: había más contención, exceso de equilibrio.

River, en ese contexto, debía insistir por afuera. Pisculichi se estacionó en la derecha, aunque jamás iba para adentro buscando un hueco para pegarle desde afuera o filtrar un pase.

La urgencia obligó a Marcelo Gallardo a cambiar todo antes de los 20 minutos. Lesionado Pisculichi, entró Mayada. La modificación determinó un marcado 4-4-2 y, por características, un juego menos posicional y más directo. Además, sin Piscu, River perdía esa gran opción que es la pelota parada.

El uruguayo, igualmente, fue de lo más peligroso en ese timorato primer tiempo. Por un botín no alcanzó a puntear el balón luego de una buena trepada de Vangioni. Al toque le erró a una volea, también ingresando por el segundo palo. Antes, Alario le había quemado las manos al Ruso Rodríguez con un tiro desde afuera.

En síntesis, lo de River era poco. E Independiente también hacía lo suyo. Aquino tuvo su chance a la salida de un corner. Y Rigoni logró el lucimiento de Barovero con una volada tras un tiro libre. De a ratos, el medio Rojo imponía condiciones, aunque le faltaba profundidad para concretar. Gallardo le prestó atención al 0-3 del año pasado (“pocas veces nos pasaron por encima como aquella vez”) y priorizó estar más blindado atrás.

Con un tiempo por delante, River se jugaba el campeonato. Tenía que ganar para que Central no le quedara más lejos. El asunto era cómo iba a doblegar a Independiente. A los arrestos individuales había que agregarle pase, serenidad, pausa. Sobraba un 5. Así también lo entendió Gallardo, que quitó a Arzura y puso a Nacho Fernández, que se paró como nexo entre el mediocampo y los puntas.

Una buena jugada del Pity Martínez terminó con un zurdazo que se fue arriba. A Alario le faltó fuerza en un cabezazo. Mayada la calzó mal de zurda adentro del área chica. De a poco, tras diez minutos ordinarios, River acumulaba un par de chances como para ilusionarse.

Gallardo jugó la última carta. Iván Alonso por Pity Martínez. Mayada a la izquierda y tres delanteros netos. Por su parte, Pellegrino apostó por Cebolla Rodríguez, que en la primera pelota que tocó hizo exigir a Barovero, quien en la siguiente acción le negó el gol a Benítez. El arquero, otra vez, salvaba a River.

Ya sin luces en lo colectivo, una genialidad individual tenía que salvar a River. Lo hizo Alario, de puro optimista. El Ruso Rodríguez le sacó un cabezazo en primera instancia, pero en el rebote el ex Colón tuvo la mente fría para amagar y ponerla arriba. Faltaban siete minutos.

Por San Lucas, aún hay vida en el torneo. Aunque River esté lejos. Del juego. De Central. De su mejor versión. De lo que pretende Gallardo. Boca, el domingo, es una gran ocasión para empezar a convencer definitivamente.

Imagen: Nicolás Aboaf