Noche nefasta

Exceptuando el golazo del Pity Martínez, a River le salió todo mal. No jugó bien, le echaron a Leonardo Pisculichi y Andrés D’Alessandro, en su vuelta, se lesionó. Ganó Godoy Cruz 2-1. Ahora hay que ganarle a Central para que el campeonato no quede lejos tan temprano.

Todo mal. Noche nefasta. Negra. Sólo el golazo del Pity Martínez provoca sonrisas. También las atajadas de Barovero. Aunque el 1 no puede sacar todas. Porque hay rivales que juegan bien. O que patean bárbaro. Como Carabajal.

Todo mal. Lo echan a Pisculichi. Aún así, River empata. Entonado, lo va a buscar con uno menos y está cerca. Más cerca con D’Alessandro. Pero el Cabezón se lesiona y se desinfla el equipo.

El recambio, en líneas generales, no funciona. La rotación de Gallardo no tiene éxito. El equipo deja dudas. Y ahora se viene Central, en Rosario, el domingo. Si no gana…

River empezó bien, con, movilidad, con Pisculichi arrancando desde la derecha contagiando al resto. El zurdo casi mete un golazo que besó el ángulo. Pero lo bueno duró diez minutos.

Godoy Cruz se adelantó y de un tiro libre sacó ventaja. Viera empujó a la red una gran maniobra de Pol Fernández, quien avanzó varios metros sin oposición. En el camino, a Ponzio lo durmieron con una cortina.

River se descontroló. Como frente a Belgrano, las grietas defensivas eran enormes. Barovero achicó bárbaro ante Ayoví en una acción que nació en una pérdida de Nico Domingo.

River estaba descompensado. Si hasta de un lateral lo doblaban. Morro García tuvo el 2-0 y la mandó arriba. Se jugaba como quería el Tomba. River incluso quedaba peligrosamente mano a mano atrás, con el tándem García-Ayoví haciendo daño.

Tras un buen desborde de Mayada, Alonso tuvo el empate con una palomita que Rey, ex River, sacó en la línea del arco.

La historia se complicaba más con la expulsión de Pisculichi, que a esa altura ya no gravitaba más en el juego y encima se le fue la pierna ante Godoy. Delfino quizás exageró con la sanción, pero la patada de Piscu era la muestra de lo impotente que estaba River. Tanto que Maidana salió a cortar en la mitad de la cancha, paró la pelota con el pecho, le dio al arco y casi mete el empate. Eran raptos dentro de la locura, de un equipo lleno de vértigo y poca claridad. Sin pausa.

Pero de pronto… el Pity Martínez metió un soberano golazo. Otra vez trepó Mayada con criterio, el ex Huracán usó a Casco pasándole por afuera y no dudó: zurdazo al ángulo.

El 1-1, a esa altura, era como un triunfo. Porque de acuerdo al desarrollo, los mendocinos, con más eficacia, podrían estar arriba por dos goles.

El gol del Pity debía provocar un impacto anímico para el segundo tiempo. Desde lo táctico, Gallardo hizo un retoque. Adentro Arzura por Bertolo. El ex Tigre para acompañar a Domingo, con poco auxilio en el primer tiempo. Además, el ex Banfield había hecho poco en la derecha, donde Mayada estaba cumpliendo cada vez que pasaba al ataque.

Con diez, River estaba jugando mejor, pero también tenía a Barovero para salvarlo (sí, otra vez) ante un cabezazo hacia abajo de Ayoví. También tenía a Ponzio para ahogarle el grito a García, quien ya se habia sacado de encima a Trapito.

Entró D’Alessandro y River volvió a dominar. El Cabezón hizo amonestar a dos rivales en un par de minutos. Tiró el corner que precedió al cabezazo al palo de Arzura. Le puso un pase de 40 metros. Hasta que…

Andrés sintió un pinchazo en el posterior derecho. Y se pinchó el equipo definitivamente. Godoy Cruz vino la ventana abierta y se mandó. Carabajal la calzó bárbaro de zurda. Al ángulo. Acá Barovero no podía hacer nada. 1-2.

Torneo corto. Relámpago. Una buena racha te pone en carrera. Una mala te saca de la pelea. Si no gana en Rosario…

Imagen: Nicolás Aboaf