Las grietas de River

En la vuelta de Andrés D’Alessandro, Belgrano no perdonó la catarata de errores defensivos y le ganó 3-2 a River, quien luchó hasta el final. Los goles Millonarios fueron convertidos por Nico Domingo e Iván Alonso.

Un partidazo. Eso jugaron Belgrano y River en Córdoba. Vibrante de comienzo a fin. Al campeón de América no le alcanzó. Su buena aptitud para ir al frente se vio teñida por una catarata de errores defensivos, sobre todo en el primer tiempo, que hipotecaron las chances de traerse un éxito de la Docta.

De acuerdo al debut con goleada con Quilmes, Gallardo apostó por un 4-1-3-2, con Ponzio atrás, Domingo delante de la línea de cuatro, más Nacho Fernández, Lucho González y D’Alessandro como conectores.

De movida, Olave le sacó el gol al ex Gimnasia después de una jugada de izquierda a derecha con varios toques en el camino y una excelente asistencia con el pecho de Alario.

Rápidamente, Belgrano emparejó las acciones y a través de la pelota parada provocó dos muy buenas intervenciones de Marcelo Barovero, quien no pudo hacer nada en la tercera, la vencida. Etevenaux le metió el derechazo seco que se clavó en el ángulo.

El gol lo secó un poco al campeón de América que, desbordado, comenzó a marcar mal en las transiciones ataque defensa. A espaldas de Domingo había muchos espacios y los del fondo achicaban mal. Así llegó el 2-0, a través de Velázquez, quien la puso contra un rincón. En la jugada previa pareció penal de Barrios a Nacho Fernández, no sancionado por Abal.

River reaccionó bien. A la salida de un corner, Nico Domingo, gambeta mediante, le pegó desde afuera, el pique liquidó a Olave y fue el 1-2. Pero, se dijo, el equipo tenía muchas grietas. Mostraba recursos a la hora de atacar, pero los caminos que encontraba Belgrano en cada contra resultaban letales.

Otra vez Etevenaux apareció solo por la derecha, capturó un envío desde la otra orilla y, rebote mediante, ajustició a Trapito. 3-1 para el Pirata en un primer tiempo lleno de emociones.

En el complemento, River tenía el balón, pero no tenía sorpresa. Gallardo movió el banco. Bertolo y Alonso por Nacho Fernández y Alario. Los cambios fueron llamativos, sobre todo el del ex Colón, que estaba jugando bien y obligando. Al ratito entró el Pity Martínez por Lucho González. Un revulsivo para arreglar por desequilibrio individual la merma en la gestación de juego. Y eso que en cancha estaba D’Alessandro.

El local ya estaba replegado y estuvo cerca del 4-1 en un contragolpe, pero River no se daba por vencido. Un centro desde la izquierda encontró a Iván Alonso, quien metió un notable cabezazo cruzado. 2-3.

Con el Cabezón más enchufado y un Pity que entró picante, River no se entregó nunca. La actitud lo dejó bien parado. Aunque esto no quita que haya cometido errores atrás. Que necesita aceitar la máquina. Que se debe trabajar más y mejor. Para que no sea un River de grietas.