El 10

Hernán Castillo y la vuelta de Andrés D’Alessandro a River.

Vivimos en una contradicción permanente. Somos así. Los argentinos en general. El caso D’Alessandro no escapa nada a esta historia…

Cuántas veces renegamos de él. Cuántas veces casi que lo odiamos porque se fue a San Lorenzo, porque eligió al Inter permanentemente o porque sí. Muchas. Y sin embargo, ante un guiño y un regreso el tipo nos enamora a cuenta. Y nos entusiasma. Y apenas empezamos a ver que en el 2015 jugó 34 partidos, que resignó dinero para llegar a River, que llamó él para empezar la vuelta y que quiere jugar el domingo ya y sin esperar nada, directamente casi que corremos para el Monumental para armar el acampe.

D’Alessandro cambia la ecuación. Simple. Entusiasma. ¿Al lado de Ponzio?¿Más en la línea de tres que se para detrás de Alario?¿Directamente de enganche? Donde sea. Viene vigente. No llega después de años de no jugar sino todo lo contrario. Está bien. Y por eso pone en carrera a River. ¿Un solo jugador alcanza para entusiasmar tanto? Sí. Está claro que empardar a Tevez sólo se da con la llegada de Higuain. Pero para eso falta. Y en esta caso lo de D’Alessandro es apenas un escalón debajo del jugador de Boca. El domingo empezaremos a verlo.

D’Alessandro, juegue donde juegue, es sinónimo de River. Para nosotros desde siempre. Desde su lado sé que también. Primero enojado por Aguilar, después sin diálogo y harto de q lo usaran en la campaña de Passarella sin hablar siquiera con él, el 10 se encargó varias veces de decir que no porque “no estaban dadas las condiciones”. En parte tenía razón. En gran parte. Pero igual lo odiamos, ja. Hoy lo amamos. A cuenta o ya empezando a disfrutarlo. El domingo explotará el Monumental. Y las broncas por el mercado de pases van quedando atrás. La ansiedad de muchos hablaban de un desastre para este semestre. Son los mismos que se entusiasman ahora como locos y gritan “Dale campeón” ya. Porque estamos llenos de contradicciones y apuros. Somos así.