Un comienzo con pocas luces y más preocupación

En el primer partido del año, River perdió 3-2 con Independiente, en Mar del Plata. Se puso en ventaja con un gol de Eder Alvarez Balanta (el otro lo hizo Nicolás Bertolo), pero en 90 minutos jamás pudo sostener una idea de juego. A trabajar más…


Y arrancó River. Fue la primera función de 2016 a casi un mes de la histórica final del Mundial de Clubes ante Barcelona, en Japón.

El new team de Marcelo Gallardo puso primera en Mar del Plata. ¿Cómo le fue más allá del resultado, a esta altura una anécdota en plena pretemporada y con un equipo que arranca de cero desde todo punto de vista? Y, la verdad es que las primeras sensaciones no fueron buenas.

Porque el Muñeco implementó por primera vez un nuevo sistema, el 4-2-3-1, que necesita mucho tiempo de trabajo. Ensayo. Prueba y error. Es todo rápido, nuevo, pero las alarmas están encendidas.

Con un sistema así, cuando no funciona el juego interno y tampoco las pequeñas sociedades, es clave el desequilibrio individual. Pity Martínez y Nicolás Bertolo, apuestas en los costados, pueden ser importantes en el mano a mano, el problema es que pocas veces terminan bien las jugadas. Y así ocurrió en la Feliz, donde la pelota parada otra vez resultó un arma fundamental.

Así River abrió el partido. Pity Martínez metió un centro venenoso desde la derecha, la tocó Driussi, en el camino se la llevó puesta Tagliafico, desorientando por completo al Ruso Rodríguez y Balanta apoyó de cabeza sobre la línea de meta. 1-0.

Hasta ahí, River era un equipo sin demasiadas ideas, largo, con Lucho González como usina generadora de fútbol, aunque lejos de los tres conectores: Pity Martínez a la derecha, Bertolo a la izquierda, Sebastián Driussi suelto detrás de Lucas Alario, la máxima referencia, poco abastecido.

Independiente empató rápido. Por Aquino, que metió un fierrazo inatajable para el debutante Batalla. Más allá del 1-1 parcial, en ese lapso el Rojo evidenció que River, en su afán por presionar, dejaba huecos enormes, jugando casi de tú a tú en la última línea.

En el segundo tiempo, Independiente comenzó mejor, acumulando chances de gol, mientras que River seguía dejando espacios en defensa. Lucho González continuaba siendo la mente más lucida. El resto parecía en otra cosa. Por eso los de Pellegrino se pusieron 2-1 arriba. El buscapié/centro de Cebolla Rodríguez encontró a Aquino presto para empujar al gol.

Ya sin Lucho, entró Pisculichi. Durante casi media hora, Gallardo ensayó con un 4-1-4-1. No cambió demasiado. La monotonía fue compañera en la noche marplatense.

Es más: se agravó el panorama, porque ante la pasividad de la defensa (otra vez todos mirando la pelota sin tomar marcas) y un Batalla sin respuestas, Cuesta puso el 3-1.

En el final llegó el descuento. Una buena acción colectiva, quizás la mejor en todo el partido, terminó desprolija porque rebotó en la cola de Bertolo, quien metió el descuento.

Lógicamente, aún es prematuro sacar grandes conclusiones. Recién van casi diez días de pretemporada. A Gallardo le molestan los partidos de verano, pero los tiene que jugar. Porque son un negocio y porque a él, de paso, le sirven para sacar conclusiones fuertes.

El sábado tendrá quizás la mayor exigencia: Boca. Ahí el Muñeco tendrá disponibles a algunos que faltaron y son importantes: Barovero, Mercado, Mora… Pisculichi y Viudez, ayer ausentes, pelean por un lugar, ya que en la faz ofensiva nadie tiene el puesto ganado ni mucho menos asegurado.

River no arrancó bien el año.