Sí, son los mejores del mundo

En la final del Mundial de Clubes, River perdió 3 a 0 contra Barcelona. El equipo de Gallardo peleó como pudo, aunque no logró impedir el desequilibrio individual y colectivo de Lionel Messi (autor de un gol) y compañía. Se cerró un ciclo inolvidable.

El partido soñado. El partido impensado hace un año y medio atrás. Lamentablemente no se pudo. El Barcelona es casi imposible. Y eso que de a ratos River se plantó y le generó algún dolor de cabeza. Como anticipó Gallardo, se jugó con el corazón. Pero a la pelota, dicho a la criolla, ellos juegan mil veces mejor. Alcanzó para competir, no para ganar.

Messi llegaba con cólicos y se destacó. Suárez es un asesino del área. Busquets tiene el manual del 5. Piqué es un zaguero colosal. Y los demás acompañan de maravilla. Contra eso, se insiste, es casi imposible.

El plan de Gallardo tuvo aciertos, pero contra la jerarquía individual y sobre todo colectiva del mejor cuadro de la tierra tenés que jugar perfecto, sin fisuras.

De movida, River salió a pelear y presionar. La idea era recuperar el balón bien arriba y dañar, pero la búsqueda duró apenas 10 minutos. Neutralizó bien al Barca hasta que se cayó la estantería por la clase de Messi para definir en espacios reducidos. Para algunos se ayudó con la mano para ponerla contra un rincón. Para otros, como el árbitro iraní Faghani, no. Quien escribe, suscribe la decisión.

¿El plan inicial? Mora o Alario arriba de Busquets para tapar la salida. Ponzio cerca de Iniesta. La línea de cuatro bien plantada contra el tridente mágico. Kranevitter como custodio de todos. Mucho despliegue físico. El tema es hasta cuándo aguantaba semejante desgaste, porque de a poco el Barca comenzó a tener la posesión y el dominio territorial.

Barovero tuvo enormes reflejos para ahogarle el grito a Messi. A esa altura, más allá del orden para resistir, River perdía rápidamente el balón. Lo mejor era Viudez cada vez que podía meter una diagonal y sorprender.

Mora y Alario probaron desde afuera, exigiendo levemente a Bravo. Ponzio y Kranevitter ya tenían amarilla. Y llegó el gol de Messi tras una pérdida de Ponzio sobre un costado. 0-1. En el final del primer tiempo, Suárez se perdió el segundo.

Gallardo movió piezas, se la jugó con dos cambios ofensivos. Afuera Ponzio y Mora, adentro Pity Martínez y Lucho González. ¿La nueva idea? Más tenencia, jugar mejor la pelota y apuesta en el mano a mano contra Alves. Quizás el DT se apuró, porque River no había hecho un mal primer tiempo, pero tenía que salir a empatar de alguna forma.

En 5 minutos, el Barca liquidó todo. Ahora la perdió Sánchez, la dejó corta en el medio, Busquets le metió un pase quirúrgico a Suárez y el uruguayo ahora sí no falló antes la salida de Barovero, quien alcanzó a amortiguar el tiro. 2-0.

A partir de ahí, River se expuso a una goleada. Empezó a marcar mal, de a uno, no en bloque. Y Barcelona arrancó a desplegar con todo su juego. Maidana le sacó el gol a Messi sobre la raya. Al ratito, Neymar se la puso en la cabeza Suárez y éste definió ante la pasividad de la defensa. 3-0.

Ya no había partido hacía un rato largo. ¿Le erró Gallardo con los cambios en el entretiempo? Quizás. Pero se fue de Japón sin cargo de consciencia. River ya estaba desmoralizado. La sensación en la última media hora fue que si Barcelona quería metía más goles.

El Millonario ni siquiera en la pelota parada encontró respuestas. Y eso que en la previa podía ser una vía para generar peligro. Pero casi siempre la manejó mal. Pudo descontar con un cabezazo de Alario tras un centro de Vangioni y con un fierrazo de Pity Martínez que pegó en el palo.

Se cerró un ciclo inolvidable. Con jugadores que ya se habían ido (Funes Mori, Teo, Cavenaghi, Rojas) y otros que se despidieron en Japón (Sánchez y Kranevitter). Además, asunto no menor, los campeones de la Libertadores cada vez aguantan menos la columna vertebral del equipo y los europeos compran hasta por las dudas. River tuvo un mal semestre y el recambio, hasta ahora, no le funcionó. Igual, en Japón se jugó con históricos, muchos de ellos por debajo del gran nivel que tuvieron.

A la distancia, este River de Gallardo generará orgullo. Habrá marcado una época muy grande en la historia. Aunque hoy haya quedado lejos del indiscutido mejor equipo del mundo.

Imagen:
Nicolás Aboaf.