Un polaco suelto en Japón: El peor día

En el día en que River fue anoticiado de que jugará contra el Barcelona, Nicolás Aboaf tuvo su peor día en Oriente. Un polaco suelto en Japón que no cree en las casualidades pero…

No es por ser pájaro de mal agüero pero el día no ayudó. Empezó mal, terminó mal y ni siquiera la posibilidad de que Lionel Messi y Neymar no jueguen la final del Mundial de Clubes lo pudo arreglar. Es que, por estos lados del mundo, las dificultades nos rodean y cuando uno baja la guardia puede ser letal.

El idioma, sumado a que casi no hablan inglés. Las costumbres. Las distancias, con Argentina y entre puntos de la misma ciudad. El frío. Todo lo que podía complicar, complicó y el Barca la remató con una potencia ofensiva que asusta y que nos hace cruzar los dedos por San Barovero, San Maidana y San Balanta.

Empecemos porque ya estoy sin voz. Sí. Más que antes, y culpa del frío, estoy a la deriva de las señas. Calzas, gorro, guantes, todo para capear la situación y no sirvió de nada. A media mañana salí de Osaka. Tren. Subte. Tren. Tren Bala. Todo eso para llegar a Yokohama. ¿Mi experiencia en el Tren Bala? Como un avión con vías aunque las nauseas aumentan si uno mira por la ventana.

Rápido a descargar las valijas en el departamento y corriendo al estadio para fotografear al Barca. El camino empezó torcido y por un error en la combinación de subte, quedé a una hora del estadio. Sí, el taxi y todo lo que me habían anunciado antes de viajar. “Te matan”, me avisaron. Y así fue. El trayecto al estadio fue más caro que la suma de todos los transportes que había tomado en mi semana en Japón.

Hinchada River Barca

Llegué justito, el partido empezaba y a disparar flashes. Goleada. Suárez y su festejo. Iniesta y su guante en el pie. Los miedos. La incertidumbre. A lo lejos se veía a Marcelo Gallardo cavilar. Sí, debe estar pensando cómo ganarles. Suerte en esa, Muñe.

Equipo Barcelona

Con la felicidad del deber cumplido, de regreso al departamento a terminar de enviar todo el material. Miró el teléfono para buscar el camino de regreso y… ¡Pum! se quedó sin batería. Sin mapas. Sin voz. Sin saber cómo llegar. Otra vez el taxi y la muerte.

No creo en las casualidades. Pero desde hoy voy a convencerme de que existen. Es la única forma de pensar que lo que pasó hoy no es el “efecto Barca” y que el domingo, cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar.