Sufriendo a la final

Con un gol de Lucas Alario, River venció 1-0 a Sanfrecce y el domingo jugará por el título en el Mundial de Clubes. Espera por Barcelona o Guangzhou. Marcelo Barovero figura.

¿Te bajaron de la garganta? ¿Ya te liberaste? ¿Pudiste separar el análisis de la pasión?


River está en la final del Mundial de Clubes. Jugando mal y siendo superado en varios tramos del partido, le ganó 1-0 a Sanfrecce Hiroshima y espera por Barcelona o Guangzhou, partido que se jugará el próximo domingo, en Yokohama.

River arrancó presionando bien, pero lució apurado, sin conexión, con los delanteros aislados. Movía la pelota sin criterio para generar el espacio. Desperdiciaba las pelotas paradas sobre los costados. Probaba desde afuera también sin éxito. Sin un amplio dominio, igualmente, era más.

Pero de pronto se desinfló. Un error individual -de Alvarez Balanta- terminó en la primera atajada de Barovero, figura imponente en Osaka. A partir de ahí, de esa jugada puntual, casi a la media hora del primer tiempo, River se cayó y Sanfrecce mostró sus cualidades.

Dos veces a Minagawa y una a Chajima fueron las principales atajadas del 1, una espectacular con la mano cambiada. River ya estaba inseguro, hasta con miedo a perder. Cualquier pelotazo era peligro de gol para los nipones.

Por chances, River merecía estar perdiendo. No había llegado claro en 45 minutos y Barovero lo salvó tres veces. Jugar abierto lo dejó expuesto a la lentitud, los desacoples y los japoneses, además, volaban cada vez que cruzaban el mediocampo.

Allí River tuvo un grave problema. La inconsistencia de los volantes explica porqué costó tanto el partido. Sin lucidez para crear, con severos problemas para abortar los bochazos contrarios. Sin juego y sin marca.

Apenas comenzó el segundo tiempo, Mora tuvo el 1-0, pero la agarró mal, con el tobillo derecho y la mandó arriba. Chance inmejorable.

Igual, desde el concepto, era mejor Sanfrecce, que cerraba los espacios atrás y los abría a espaldas de los laterales de River. Y encima Vangioni tenía el drama de la poca compañía por su zona.

Marcelo Gallardo sacó a Ponzio y Pisculichi y metió a Lucho González y Viudez. La idea era darle más fluidez a la pelota y más precisión en la zona de fuego. Sin descollar, los dos le cambiaron la cara a River.

Un River nublado, que no hallaba los caminos, pero al que una vez más lo salvó una pelota parada, característica letal de este ciclo exitoso. El centro desde la derecha de Viudez encontró a Maidana, quien saltó con el arquero Hayani y lo desacomodó. La pelota le cayó justo a Alario, que le puso la cabeza. 1-0 a los 72 minutos. Desahogo.

La ventaja soltó al campeón de América y casi mete el segundo en una gran jugada colectiva, la mejor en todo el partido, desperdiciada por Mora. Igual, en el final hubo sufrimiento porque la historia no estuvo nunca liquidada.

Sufriendo, River se metió en la final. Se celebra, pero jugando así a Barcelona no le hace ni cosquillas. La historia, igualmente, es diferente.

¿Cómo no soñar?

Imagen: Nicolás Aboaf.