Cerca de la heroica, lejos en el juego: eliminado

River estuvo a un gol de meterse en la final de la Copa Sudamericana. Empató 2-2 con Huracán y no le alcanzó, aunque la foto final no condice con la pobre imagen mostrada en la serie. No podrá retener la corona y ya piensa en Japón. Jugando así, ¿se puede ilusionar?

River se olvidó que jugaba contra Huracán. Pensó que ya tenía adelante al Barcelona. Sobre la marcha probó algo casi inédito en el exitoso ciclo Gallardo. Línea de 3 defensores, laterales adelantados, dos 5, un enganche que no es (Sánchez) y dos delanteros. El plan fracasó, pero sobre todo no funcionaron los interpretes.

River se quedó afuera de la Sudamericana en justa ley. Huracán fue más en los 180 minutos. Justificó su éxito que comenzó en el Monumental hace tres semanas y lo liquidó en su casa, aunque haya terminado apretado.

Es cierto que el campeón de América quedó a un gol de meterse en otra final. Fueron un espejismo esos 20 minutos finales, remontando un 0-2 de la mano de Mora, con Lucho González determinante, un Mayada que entró bien y un contagio general que no alcanzó.

Pagó muy caro las desinteligencias defensivas. Marcó en línea, no adivinó nunca el juego interno Quemero y tuvo fallas individuales muy graves. Barovero fue responsable de los dos goles. En el primero, de Toranzo, rechazó a medias. En el segundo de Abila, se apuró en la salida y el 9 hasta se dio el lujo de tirarle un sombrero.

Lógicamente, si Huracán llegó tan claro no fue solo por responsabilidad de Trapito. El medio no tuvo consistencia y los defensores quedaron mano a mano, casi regalados.

River no tenía un plan ofensivo, carecía de juego interno, se reducía a cambiar de frente y tirar el centro desde las bandas a las cabezas de Mora y Alario, el único que inquietó en ese espantoso primer tiempo.

Sánchez se perdía por adentro, Ponzio y Kranevitter no eran aduanas, perdían en el mano a mano con Vismara-Bogado. Cuando el Globo iba le contaba las costillas.

¿Cómo podía River meter tres goles en un tiempo? Parecía imposible. De arranque en el complemento, Huracán lo bancaba con orden. Ni cosquillas hacían los de Gallardo, que a esa altura ya había tocado las bandas. Mayada y Pity Martínez le dieron otra dinámica por un Casco que cada día baja más su nivel y Vangioni, irresoluto en su vieja posición de carrilero.

Descontó Mora. Ya con González, River había cambiado la cara considerablemente. Le puso un pase en cortada a Alario, que falló ante Díaz en el mano a mano. Otra asistencia del 27 halló al uruguayo, quien puso el 2-2.

El partido ya estaba picado hacía rato, sobre todo por una patada descalificadora de Ponzio a Espinoza que sacó al 7 Quemero de la cancha y a puro llanto.

River fue y fue. Casi empata. Hubiera sido injusto, pero así es el fútbol. Quedaba demostrado que el problema no había sido el planteo, sino los protagonistas, porque algunos retoques se vio una versión superadora.

Quién diría que Huracán sería una bestia negra en este año inolvidable por la obtención de la Libertadores y la ilusión que genera el Mundial de Clubes. Pero vaya a saber uno cómo River se planta en Japón. Jugando así…

Imagen: Nicolás Aboaf