Contradicciones

Caliente, Hernán Castillo y una cruda realidad en esta editorial de cara a la Semifinal de la COpa Sudamericana y el Mundial de clubes.

De a ratos me caliento. De a ratos me esperanzo. De a ratos miro y digo “no levantamos más”. De a ratos digo “este equipo va a recuperar la memoria”. De a ratos entiendo a los que putean. De a ratos digo si los que putean perdieron la memoria y están locos. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que creo que la mayoría de los hinchas de River andan con esa contradicción a cuestas. Porque el equipo juega mal y no levanta, es cierto. Pero todos tenemos la sensación de que llegado el momento todo se va a normalizar. El tema es que el momento se aproxima cada vez más y nada cambia.

River perdió 9 de los últimos 17 partidos. Gallardo bajó su promedio increíblemente. El equipo no da pie con bola. Juega decididamente mal le guste a quién le guste. No está mal decirlo. Es más, hay que decirlo. Y no por eso se es desagradecido. En ese contexto hay cosas que no entiendo y cosas que sí.  Es lógico que haya un agotamiento. Porque se logró lo máximo y debe ser difícil motivarse. Entonces dan más ganas jugar por la Copa Sudamericana y el Mundial de Clubes que por el interminable e indescifrable torneo de 30 equipos. El tema es que contra Huracán, y antes con Chapecoense, se viene sufriendo, y entonces esa excusa también se va apagando.  ¿Qué sucede entonces? Que se busca descanso, y el descanso siempre viene bien.

Ahora, en ese contexto del descanso, hay una cosa que no entiendo. Acepto que Barovero, Mercado, Maidana, Sánchez, Kranevitter, Ponzio, Pisculichi y Mora estén cansados (no incluyo a Vangioni porque tuvo el desgarro más largo del mundo y no jugó dos meses por lo que al menos su cabeza estuvo en otra cosa por lógica). Pero por qué Casco, Bertolo, Lucho González y Pity Martínez no jugaron y ni convocados estuvieron con Newell’s. Por qué se dejó tan tirado el torneo en la última fecha si, por más que no interesaba, era al menos jugarse a no perder con lo mejor posible en cancha. ¿De qué están cansados los otros? No lo entiendo. No. Y no. Porque acostumbrase a ganar está buenísimo y es contagioso. Pero lo contrario también se hace costumbre. Y es peligroso.

Ni Mayada, ni Viudez, ni Saviola, ni Lucho, ni Bertolo, ni Pity, ni Casco han podido reemplazar a Funes Mori, Rojas, Teo y Cavenaghi. Se puede elegir entre falta de adaptación o mala elección. Prefiero la primera. Pero hoy estamos mal. No se puede esquivar eso bajo ningún concepto. De ninguna manera. Entiendo que este fondo que se tocó es mínimo comparado con otros tristes que han tocado, pero ver a tiempo las cosas siempre es mejor. Y hoy se está más que a tiempo. Porque hay confianza en la mayoría de los jugadores y en el cuerpo técnico. Se vienen 5 partidos de acá a fin de año: la revancha con Huracán, las finales de la Sudamericana y los dos del Mundial de clubes. Hay que mejorar y muchísimo. Marcar que se está mal no es ser golpista: es ser realista.