Con dudas y un flojo nivel, River está en semifinales  

Sólo el gol de Carlos Sánchez, después de una gran asistencia de Pisculichi, lo salvó del papelón. Desbordado por Chapecoense, perdió 2-1. Clave el 3-1 conseguido en el Monumental. Espera rival: Huracán o Sportivo Luqueño. 

Fue uno de los peores partidos de la era Gallardo. Contra un rival limitado, que con desbordes y centros puso en jaque al campeón de América. Aún así, River está entre los cuatro mejores de la Sudamericana. Jugando como en Chapecó no puede hacerse demasiadas ilusiones con retener la corona.

River, con el ingreso de Ponzio por Lucho González, salió con un plan: cortar el circuito brasileño con Leo delante de Kranevitter, presionar, recuperar rápido la pelota y llegar al arco rival. No funcionó.

Igualmente, River no salió a defender. Sólo cambió el estilo. De la posesión al combate. No está en su ADN eso de colgarse del travesaño. Pero se protegió mal. Muy mal casi toda la noche.

Por Pisculichi pudo ponerse en ventaja: un tiro libre y un zurdazo desde afuera del área pasaron cerca de los palos.

River lo llevaba bien, casi a rienda corta, pero no defendió bien una pelota y lo pagó caro. A Mercado lo desbordó Dener, Balanta le dio ventaja a Rangel, quien cabeceó cómodo, con tanta mala suerte para River que la pelota pegó en el colombiano y descolocó a Barovero. Además el cierre de Casco fue endeble. Un combo letal para poner en peligro un trámite que venía con un leve dominio Millonario.

Y un alerta que se enciende con frecuencia en los últimos tiempos: a River le convierten con facilidad. Para el rival es cuestión de activar sus virtudes para hacer mucho daño.

Caótico estaba el equipo con la desventaja. Errático Kranevitter. Ponzio amonestado por pegar innecesariamente sobre un costado. Y Chapecoense que jugaba cada pelota como si fuera la última vez.

En ese contexto, el carácter iba a salir a flote. Y como en la ida en el Monumental, la dupla Pisculichi-Sánchez haría la diferencia. Hermoso centro del zurdo, aparición como 9 del uruguayo para estampar el 1-1 de cabeza. Clave. Justo antes del entretiempo. Un respiro.

En el segundo tiempo, los errores en la marca se evidenciaron. A los 9, Chapecoense se puso 2-1. Balanta otra vez durmió en un centro, le ganaron en el cabezazo y Rangel empujó frente a las narices de Barovero y ante la pasividad de Maidana. Los brasileños estaban a un gol de los penales. Gol que pudo llegar de inmediato, pero Neto, tras un rebote corto de Trapito, la tiró arriba desde una posición inmejorable.

Gallardo retocó el plan. Afuera Ponzio, adentro Viudez. Ahora la idea era tenerla un poco más. Defenderse con la pelota. Atacando dentro de lo posible. Sánchez se plantó cerca de Kranevitter y Tabaré bien abierto por derecha.

Ahí River asomó un poco la cabeza, salió del vendaval. Mora y Mercado tuvieron el empate. Y se acomodó atrás con el ingreso de Mammana por Balanta, de una noche de terror. Fue un espejismo.

Porque al rato tuvo que aparecer Barovero para ahogarle otro grito a Bruno Rangel. Y el travesaño jugó para River ante un cabezazo de Thiago Luis. ¿Suerte de campeón? Se insiste: jugando así, el campeón de América no puede pretender demasiado.