Con buena ventaja a Brasil

Sánchez después de una buena jugada, Pisculichi de tiro libre y otra vez el uruguayo entrando como 9 le dieron la alegría a River: 3-1 a Chapecoense en los cuartos de la Sudamericana. La revancha será el próximo miércoles.

Fue la noche de los golazos. Y eso que River no la rompió ni tuvo una inolvidable producción colectiva. Pero las perlas de Sánchez y de Pisculichi fueron suficientes para ganarle a un equipo que marcha 14° en el Chapecoense.

Se sabe: este River se hace fuerte en los mano a mano coperos. No descolló, tuvo dudas en varios pasajes del partido, pero el éxito es incuestionable.

En el primer tiempo, River tuvo dos caras. Jugó bien los primeros 30 minutos. No tradujo en demasiadas situaciones de riesgo la superioridad que hacía por posesión y dinámica, pero le alcanzaba con eso.

El equipo buscó distraer por adentro a través del circuito que formaban Kranevitter, Lucho González y Pisculichi. La idea era romper por afuera con los laterales más Sánchez y Driussi.

El problema era cuando Mora salía a pivotear, porque el equipo se quedaba sin referencia y a los volantes les costaba pisar el área. Hasta que la jugada salió.

Casco trepó como los dioses, levantó la cabeza y tiró el centro atrás, una jugada que no perderá vigencia. Sánchez aplicó lo que faltaba: llegada y precisión. Le puso la zurda con la parte interna del botín y la metió en un rincón del arco de Danilo. Golazo merecido por la propuesta.

A partir de ahí, River entró en una meseta y Chapecoense sacó la cabeza del fondo. Falló Balanta y casi empata Tulio de Melo. En el medio hubo un penal no cobrado por mano de Kranevitter. Pisculichi pudo poner el 2-0, pero el zurdazo, rebote mediante, besó el palo derecho de Danilo, que estaba entregado.

En la siguiente jugada, River acumuló errores por doquier y la fue a buscar adentro de su arco. Balanta salió lejos, Maidana se durmió, Maranhao se filtró y Barovero quedó a medias en su salida. 1-1. Y vuelta a empezar.

En el segundo tiempo empezó tímido y dividiendo el balón. Tenía poca conexión y no llegaba. Llevó peligro con una entrada de Maidana, cuyo remate dio en el palo.

Gallardo sacó a Lucho González y puso a Viudez para contar con más dinámica y remate desde afuera del área en los últimos 30 metros. River, se insiste, estaba inconexo.

La pelota parada, como tantas veces en el ciclo Gallardo, aportaría soluciones. Pisculichi metió un golazo de tiro libre. El remate seco se metió en el palo de Danilo.

A diferencia del 1-0, el 2-1 lo encontró más armado y con intenciones de liquidar la historia. Los brasileños también llegaron, pero Barovero se lo impidió a Ananias tras otra siesta del fondo.

River quería más. Y quedó demostrado en el final. No bajó la persiana, quiso otro gol y lo encontró. Driussi la peleó y Sánchez apoyó a la red entrando como 9. 3-1. Tranquilidad. Hasta pudo meter el cuarto gol, pero Driussi se lo perdió por una volea fallida cuando el arquero estaba sin chances.

El campeón de América viaja a Brasil con dos goles de diferencia a su favor. Buena diferencia. El miércoles que viene intentará meterse en la semifinal de la Sudamericana.

Imagen: Nicolás Aboaf