Despedida del torneo

River no jugó bien y perdió el Superclásico por 1-0. Pudo empatar, tuvo chances con Alario que atajó Orion. La actuación colectiva fue pobre.

Nunca está bueno perder un Superclásico. Menos si ese te aleja de la chance, difícil pero chance al fin, de pelear el torneo local.

Pero River cayó con Boca y no se puede discutir la forma. Podría haber arribado a un empate, sí, pero nunca dominó a su rival, que pegó de entrada y luego lo aguantó bien.

En el primer tiempo, River jugó decididamente mal. Si hay que regirse con la frase “los equipos se arman de atrás para adelante”, el cuadro de Gallardo falló en todas las líneas. Mal parado atrás, con poca contención y menos juego en el medio y, por consiguiente, sin peso arriba.

Boca, con movilidad, empezó a complicarlo y asestó el golpe de entrada. Mal escalonado agarró a River el pelotazo de Tobio a Palacios, quien le ganó en la carrera Balanta, la pelota cayó en los pies de Tevez, Barovero achicó excelente, pero el rebote le quedó a Lodeiro, quien no falló. Bombazo arriba y a cobrar.

Lo que es el destino… El uruguayo entró de urgencia por la temprana baja de Gago, lesionado en el tendón de Aquiles a ls 40 segundos.

River, lo dicho, salió a jugar con una defensa nueva. De los históricos, de aquella que era la mejor del fútbol argentino y candidata a ser convocada entera por Martino, Maidana y Vangioni están lesionados y Funes Mori ya juega en Inglaterra. El sobreviviente fue Mercado.

A esto hay que sumarle que Mammana recién volvió a jugar un tiempo con Chicago después de 45 días parado. Que Balanta no está en su mejor momento. Y que Casco apenas se entrenó tres días con sus flamantes compañeros. La necesidad hizo que Gallardo lo usara de movida.

Sin movilidad, sin sorpresa, con Mora y Alario aislados, Gallardo sacó a Ponzio y metió a Lucho González. Leo tenía amarilla y el equipo precisaba, sobre todo, una mente más lucida. Además, sin Gago en la cancha, como había sucedido en las exitosas series coperas, Ponzio no tenía un “enemigo” para marcar. Y encima Herrera lo salvó de la expulsión.

Recién a los 42 minutos pudo hilvanar una buena jugada. Pity Martínez se encontró con Lucho, quien lanzó el centro para Alario, que cabeceó justo donde estaba Orion. Poco en un tiempo, pero era elocuente con el desarrollo.

En el complemento levantó sin ser una aplanadora de fútbol, pero fue metiendo a Boca cerca de su arco. A los dos minutos un buen centro de Sánchez halló a Alario, pero Orion otra vez respondió.

Más tarde entró Viudez por Lucho, lesionado. Otra apuesta fue la de Driussi por el Pity Martínez, quien en 70 minutos de juego jamás pudo encarar mano a mano con pelota dominada y al pie, se la pasaron metiéndole pelotazos y cambios de frente sin ventaja.

El mejor era Kranevitter, siempre bien ubicado para contener y mejor para pasar e iniciar los avances, casi siempre mal terminados por sus compañeros, inconexos, aislados.

A esa altura, Boca ya estaba muy atrás, en una actitud peligrosa, porque cualquier envío de River podía torcer el rumbo del partido. No hubo caso.

Parece que el torneo se terminó. Quedó a once con un partido menos y tiene varios equipos arriba. En el horizonte queda retener la Sudamericana y el Mundial de Clubes.

Lo más importante, de cualquier modo, es que Gallardo arme otra vez un equipo fuerte y competitivo.

Imagen: Nicolás Aboaf