“Mi vínculo con River no se terminará nunca”

Consolidado en el Celta, Augusto Fernández lamenta no haber estado maduro en sus comienzos, sueña con una vuelta y confiesa su costado fanático. Mano a mano con Pasión Monumental radio, por AM 990.

- ¿Cómo es ver a River a la distancia?

– Mi vínculo no se terminará nunca. Todavía hablo con gente que sigue ahí, en el club, trabajando. Me pone muy feliz el presente. River es el más grande. Yo a veces no hago público lo que siento porque no me sale, pero es así. Es mi casa. Soy hincha y cada partido lo vivo con todo.

- ¿Te acordás de los comienzos, de la pensión?

– Uy, sí, la pensión. Bah, a mí me costó entrar ahí, primero vivía de una casa a la otra. Me acuerdo de un amigo, Marcelo Marzoratti, que me llevaba a su casa hasta que me dieron pensión. Yo viví en la casa de Lidoro Quinteros porque habían llegado japoneses y coreanos.

- Eras un pibe…

– Hace poco le contaba a mi hermanito, que ya tiene 15 años, que ni pedo a los 11 lo hubiera dejado ir de mi casa. Yo sin embargo me fui, le insistí a mi viejos y el sacrificio de ellos fue terrible, iban y venían o me subían a una combi o al Chevallier para venir a Buenos Aires. Sabés las veces que delante de ellos me aguantaba el llanto… Pero arrancaba el colectivo y me desplomaba, sólo por el deseo de ser jugador de futbol, que era más fuerte.

- Y ahí aprendiste a querer a River…

– Llegar de muy chico a River era difícil, siempre era el más chiquito. Por eso mi locura por este club no se corta aunque pasen los años. Siempre quiero lo mejor.

- Y en Primera te tocó una era dura…

– Es duro cuando le caen a los pibes, pasó hace con Funes Mori, con el delantero. Ahora veía que pasaba con Boyé. Y, la verdad, no está bueno. Es duro cuando te cae tu propia gente. River tiene su historia y no te da tiempo de adaptación. Hay que responder de entrada. Si sos capaz de absorber esa crítica con bronca y tomarlo como un desafío, te va a servir para crecer. O te caés o lo revertís.

- Ahora es el mejor momento después de muchos años.

– Es un momento muy lindo. Cuando yo jugué no era así y ahora está volviendo. Desde que debuté fue todo complicado, solo sonreí cuando ganamos el torneo en el 2008 con el Cholo.

- ¿Tan difícil era jugar en aquella época?

– Externamente pasaban cosas que perjudicaban al fútbol y la política estaba muy metida.

- Después te fuiste a Vélez y la rompiste.

– Me hubiera gustado jugar en River como lo hice en Vélez. Ahí estaba maduro. Tuve la chance de volver, pero había problemas externos que no me los quisieron solucionar. Así que me queda la vena de jugar en River otra vez.

- ¿Le ponés una fecha a eso? En el Celta estás afianzado.

– Mis ganas de volver van más allá del presente del club, lo enfoco en mi presente afuera y adentro de la cancha. Hoy me siento maduro.

- ¿River le puede ganar a Barcelona?

– River es un equipo atrevido y punzante, pero sobre todo es maduro. Cuando no puede jugar bien e imponerse, lo gana por oficio. En el futbol dos más dos no es cuatro. Ojalá que nos vaya bien.

- Vos le ganaste en el Camp Nou.

– Podés creer que no pude jugar, porque había ido a Alemania al debut de Martino y me desgarré.

- ¿Qué onda el Celta?

– El planteo no cambia nunca, es igual en todas las canchas. Berizzo quiere presión alta y mano a mano en toda la cancha, con posesión y atacar independientemente del rival. Es arriesgado, pero entrenamos así desde que llegó el Toto.

- ¿Ves el Superclásico?

– Cómo no lo voy a ver si me quedé hasta las 3 de la madrugada despierto para ver la final de la Copa… El día del gas pimienta me quedé con las ganas.

- Algunos dicen que el año que viene podrías tener de compañero a Barovero.

– En Vélez concentrábamos juntos en la habitación, teníamos una relación excelente, siempre le deseo lo mejor, no voy a describir nada como arquero. Como persona es un fenómeno. Y te cuento una anécdota.

- Dale.

– El no iba a renovar con Vélez, tenía la chance de River y yo le daba máquina, le decía que era otro mundo, algo distinto a todo. Y que se le iba bien era la gloria. No me voy adjudicar nada, pero algo hice para que Marcelo ataje ahí, je.