Dueño de América

Con huevos y paciencia para llegar al gol, River le ganó 3-0 a Tigres y logró la tercera Copa Libertadores de su historia. Los tantos fueron convertidos por Alario, Sánchez (de penal) y Funes Mori. El premio merecido para un equipo que de la mano de Gallardo marca época.

River copero. River huevos. River campeón de América por tercera vez en su historia. Atrás quedaron los malos momentos. Chau a la mufa. Un cuadro que ya entró en el libro grande. Con Gallardo como líder de un grupo que provoca orgullo. Que pone a River bien arriba.

Le ganó a Tigres 3-0. Terminó holgado una serie pareja. Pegó en los momentos justos. Contundente. Certero. Si no lo bajaron en primera ronda (justo Tigres le dio una mano en aquella noche dramática contra Juan Aurich), en los mano a mano era prácticamente imposible. Boca, Cruzeiro, Guaraní y los mexicanos. Los puso en fila y les ganó a todos con justicia.

En la noche de la consagración, River comenzó metiendo como leones, con Ponzio como abanderado. Alario pegó una murra de roja. Así lo jugó. Con huevos. A falta de fútbol, adentro la garra.

River buscaba doblarle la marca a Tigres en el medio. Tigres también metió y acumuló amarillas, sobre todo en su defensa. En el primer tiempo, menos Torres Nilo había visto la tarjeta.

Los mexicanos tuvieron su ratito, pero les faltó precisión para convertir. Aquino por izquierda y Damm por derecha desbordaron y sacaron gente de adentro para la llegada de sus volantes internos y delanteros. Sobis y Gignac no estuvieron finos.

Y River respiró un rato, aunque era un manojo de nervios. Extrañaba una buena versión de Bertolo y no provocaba desequilibrio en los costados con las pequeñas sociedades. Tampoco aprovechaba los pocos corners y tiros libres desde los costados para ganar por la pelota parada.

El partido necesitaba un golpe de efecto, un simbronazo para destrabar la paridad. Y llegó. Vangioni trepó excelente, tiró un caño, metió un centro preciso a la cabeza de Alario, quien se lanzó de palomita para poner el 1-0. Estalló el Monumental y River halló el desahogo en un momento psicológico, justo antes del entretiempo.

En la segunda parte, el agua fue un condimento extra. River siguió metiendo mucho, superando el límite del reglamento. Funes Mori pegó una planchazo de expulsión. De guapo a este equipo no le iban a ganar fácilmente.

Tigres comenzó a tener la pelota, pero no dominó sino que fue intrascendente, no tradujo en peligro la posesión. River, agazapado, necesitaba aire y un refresco en el mediocampo.

Entró Driussi arriba y llegó el penal -claro- que le hicieron a Sánchez y que el uruguayo cambió por gol. 2-0.

Se terminó el partido. River llegó floreado al final, con un imponente cabezazo de Ramiro Funes Mori. Fue fiesta. Desahogo.

River copero. River orgullo. América es suya. Y ahora a Japón…

Imagen: Nicolás Aboaf