A la final

River vuelve a una cita definitoria por la Libertadores tras 19 años. Sufrió un ratito con Guaraní, pero mostró huevos y juego. Empató con Alario, llegó al 1-1 y desde el próximo miércoles se mide con Tigres o Inter.

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River, huevos y juego. Temperamento para capear el temporal, fútbol para empatarlo en un momento bravo. Acierto del técnico para plantearlo. Respuesta en la cancha de los que definen, los futbolistas.

River a la final de América tras 19 años. Por el 1-1 ante Guaraní, con un global de 3-1 por la ventaja conseguida en Buenos Aires hace una semana.

Va por el sueño, nadie se lo puede negar. Se cargó a Boca, Cruzeiro y Guaraní, que venía de bajar a Corinthians y Racing.

¿Qué pasó en Paraguay? Como Ponzio no pudo jugar y en el plantel no tiene un futbolista similar, Gallardo apostó al juego. Sí, aunque estuviera 2-0 arriba en la serie.

De entrada, quedó demostrado que River iba a atacar, no cedería la iniciativa y jugaría con la necesidad de Guaraní. Este equipo no siente defender, en su ADN no concibe colgarse del travesaño. Si el rival lo obliga a eso, es otra la canción. Pero no hay una predisposición a la retranca. Y así se plantó.

Es cierto que arrancó complicado. La zona de Mercado era una invitación para el dúo Bartomeus-Benítez. Además Sánchez no auxiliaba con éxito. Fueron 15 minutos complicados. Sin llegadas claras de Guaraní, pero con un leve dominio paraguayo.

Tras el asedio, River comenzó a imponer condiciones. Y a llegar con peligro. Un zurdazo de Mora arriba y al medio del arco fue desviado por Aguilar al corner. Al rato, Sánchez apareció por izquierdo luego de un hermoso taco de Alario y Mora no logró empujar por adentro.

Con Kranevitter como bandera (a este cronista aún se le cae la baba por la pisada que metió), la presión daba resultado, porque Guaraní no lograba salir limpio, pero faltaba profundidad. Alario picaba siempre, pivoteaba todas de gran forma, pero nunca se la tiraban a la cabeza o al pie. Ya habría tiempo. Y Pity Martínez vivía acelerado y no siempre finalizaba correctamente sus maniobras. Lo mejor del ex Huracán fue un derechazo que pasó cerca del travesaño.

En los últimos cinco minutos de ese primer tiempo, otra vez Guaraní mostró sus cartas. Los bochazos al gigante Santander eran un atajo para llegar más fácil a Barovero, quien respondió de gran manera ante un derechazo violento desde 25 metros de Benítez. Vangioni, una fiera, también tuvo una salvada providencial con una de sus típicas barridas.

River dejaba una buena imagen y obligaba a los paraguayos a arriesgar un poco más. Estaban dos goles abajo y restaban 45 minutos por jugarse.

Después de un cuarto de hora parejo en el que el Millonario careció de precisión, se relajó y Guaraní quedó a tiro. Fernández aprovechó la única siesta de una defensa que tenía -y tuvo- una gran noche, con Maidana como punto más alto.

River, de pronto, parecía que se llenaba de nervios y la serie quedaba abierta. Guaraní le metía bochazos en el área y lo agarró un par de veces desarmado. Palau definió mal una chance de frente a Barovero y Sánchez metió justo la cabeza cuando Santander entraba por el segundo palo.

Con Mayada por Lucho González, Gallardo buscó oxigenar el medio. También metió a Viudez, que sería determinante en el desarrollo. Cavenaghi fue por Mora. Gallardo quería cerrar la historia con jugadores ofensivos. Quedaban 20 minutos y necesitaba un gol para tranquilizarse. Casi lo mete por la cabeza de Alario, pero Aguilar tuvo una notable reacción.

El ex Colón iba a tener la revancha al rato. Viudez puso un pase hermoso a lo Gallardo, el 13 fue apareado con Cáceres, lo superó y la tocó por arriba del arquero paraguayo. 1-1. Delirio.

River a la final. Como en 1966, 1976, 1986 y 1996. Perdió las dos primeras, ganó las dos siguientes. Este cuadrazo de Gallardo quiere escribir su historia, que por cierto ya es importante por lo logrado en el último año.