River ganó un partido duro y quedó a 90 minutos de la final

Con uno de Mercado y un golazo de Mora, le ganó 2-0 al rocoso Guaraní y viaja confiado a Paraguay, donde el próximo martes jugará la revancha de la Libertadores.

River es un equipo copero. Indiscutidamente. Ya las pruebas están demostradas. Pero como parece que nada le alcanza a este equipo que ya ganó la Sudamericana y la Recopa, ahora va por la máxima obsesión: la Copa Libertadores de América.

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Le costó un tiempo imponer condiciones ante un duro rival que ya había dejado afuera a Corinthians y Racing y que no había recibidos goles en octavos y cuartos. River le metió dos, no recibió ninguno y va confiado a Paraguay, donde el martes próximo buscará asegurar el pasaje a la final de la Copa tras 19 años.

Antes del extásis hubo un desarrollo. Lógicamente, los nervios y la tensión estuvieron a la altura. Guaraní demostró de entrada ser un rival duro, aunque no se colgó del travesaño. Si bien salió con línea de cinco defensores, los laterales rápidamente se plegaban al medio para apretar y ver si podían salir disparados.

River no encontraba los caminos. Lo mejor lo provocaba por la derecha de su ataque cuando el tándem Mercado-Sánchez y el apoyo de Mora en esa zona provocaban algún desbarajuste en el fondo guaraní.

Guaraní, a su vez, tenía un atajo llamado Santander. Si no lograba sacar limpia la pelota buscaba inmediatamente al grandote para bajarle la pelota a los volantes.

Ahí, en la zona medular, estuvo la cuestión. Exceptuando a Sánchez, River no tenía lucidez. Lucho González arrancó jugando por adentro, de a ratos se volcaba a la izquierda, pero cuando buscaba receptores no lograba que el juego fluyera por toques. Encima Vangioni pasaba poco al ataque. Y además, Ponzio perdía pelotas fáciles en el medio. Leo trasciende en el desorden, en un encuentro que requería precisión le costó. Y Kranevitter, que partía delante de Maidana y Funes Mori, quedaba lejos de la zona de influencia.

River buscó saltear la presión mediante pelotazos. Los de Funes Mori a Mora, que tiraba diagonales, eran peligrosos. Por esa vía llegó la única chance clara de gol. El uruguayo tiró el centro, Alario anticipó muy bien de cabeza, Aguilar tuvo una gran reacción y Sánchez, también de cabeza, lo perdió en el rebote. En un partido así, tan cerrado, son ocasiones que valen oro.

Una chance en apenas 45 minutos de una semifinal de Copa era poco. El resto fueron tiros imperfectos de Ponzio y alguna arremetida de Alario. River debía ganar chispa para quebrar a Guaraní.

Por eso en el vestuario decidió sacar a Lucho González e incluyó al Pity Martínez para sumar una sociedad más, ahora en la banda izquierda: Vangioni-Martínez.

Ciego, River siguió yendo al ataque. Con desorden, pero con una leve mejoría con relación al segundo tiempo. Y el gol llegó. Por arriba, arma letal de este en varios momentos bravos. Corner de Martínez, la bajó Alario y el que definió como un 9, con mente fría, fue Mercado. 1-0.

Revitalizado por la ventaja, River fue por el segundo. La pequeña sociedad creada para el complemento, Vangioni-Martínez, se juntó y Mora no llegó a tomarla de lleno para el 2-0. En la próxima no iba a fallar.

Alario se la puso de primera y en la corrida pensó más que todos y metió un soberano golazo. La picó por encima de Aguilar, a lo Ortega, y desató el delirio total del Monumental.

Efectivo, contundente, justificó el éxito en el segundo tiempo. Y va. Y sueña.

Imagen: Nicolás Aboaf