La intimidad de un festejo histórico

En el vestuario y el avión, el plantel gozó por el triunfo en Brasil. Y, obvio, se acordó de Boca.

No duerme nadie. No se puede. Los ánimos están alterados. Por las nubes digamos.

River vuelve eufórico de Belo Horizonte. El avión que lo trae de vuelta a la Argentina es pura euforia. Es imposible parar de cantar y de alentar. Los jugadores, chochos, se prenden. Hay temas dedicados a Boca. “El que no salta, abandonó”, se oye fuerte en las alturas.

Los dirigentes, más mesurados, se suman. Ya habían festejado y mucho en el vestuario, con abrazos de todos los colores. Falta D’Onofrio, quien está en Zurich en el Congreso de FIFA. El presidente se sumó por teléfono a la celebración y tuvo un contacto con Gallardo. Por estas horas se le mezcla la alegría de River y la preocupación por el futuro de la AFA, entidad de la cual es vicepresidente, por el escándalo mundial de la casa madre del fútbol mundial.

River hizo historia. Y festejó a lo grande.