Enorme, River

El equipo de Gallardo hizo historia: dio vuelta la serie y ganó por primera vez en el Minerao. Fue 3-0 y se metió en las semifinales de la Libertadores. Espera Racing o Guaraní.

Enorme, River.

Decisión, autoridad, firmeza, contundencia. Tuvo todo lo que necesita un equipo para ganar de una forma tan clara para no dejar dudas. Para entender el partido de entrada sin desesperarse por la desventaja que traía de Buenos Aires.

Enorme, River.

Este equipo que entró por la ventana a la segunda ronda. El que tuvo que pelear contra a la altura, los tubos de oxígeno, el viagra, el césped sintético, los viajes largos, el gas pimienta… Ahí tenés: los partidos se ganan en la cancha. Jugando así.

Enorme, River.

El que rompe rachas. El que gana por primera vez en el Minerao luego de cinco derrotas, donde sólo había metido un gol y recibido 13. Fue y se convirtió en el primer equipo argentino en meter tres en toda la historia de la Libertadores. El que jamás había revertido una serie de 180 minutos tras haber caído en su casa.

Enorme, River.

Y enorme Gallardo, porque acertó con el plan. Y enorme sus jugadores, porque lo entendieron a la perfección, aprovechándose de un Cruzeiro liviano, un espejismo del que jugó hace una semana en Núñez.

Enorme, River.

Comenzó apretando, siendo profundo, aunque sin definición en el área. El Muñeco apostó a un medio más posicional, con Sánchez como el único con cambio de ritmo. Pero Rojas fue clave en la izquierda. River, por el zurdo, era ancho, estiraba la cancha, pero le faltaba el gol. Estaba seguro, bien plantado. Sólo lo agarraron mal parado en una falla de Maidana, pero Willian la tiró arriba mano a mano con Barovero. Fue el único sofocón.

Enorme, River.

Hasta que llegó el grito. Mora arrastró marcas, Teo esperó el momento justo y la soltó para Sánchez, quien por el callejón del 8 tuvo tiempo para acomodarse y ajusticiar a Fabio. 1-0. Todo igual.

Enorme, River.

Tras el gol aflojó el ritmo, quizás pensando en el desgaste que debía hacer en el complemento. Pero el trámite le reclamaba ir por más. Cruzeiro estaba caído y sin ideas. Ponzio lo tuvo de zurda tras otra genial habilitación de Gutiérrez, pero el tiro se fue cerca. Y el 2-0 llegó por una de las vías preferidas de 2014: la pelota parada. Antes era Pisculichi, ahora fue Rojas el que metió el zurdazo punzante al área. Maidana saltó más y mejor que todos para irse al descanso con mucha tranquilidad.

Enorme, River.

Dos goles debía hacerle Cruzeiro para dejarlo afuera. River siguió en la suya. Buscó más y encontró el premio. Otra vez desde la presión se ganó la pelota en campo contrario y el resto fue todo de Teo. Sacó a pasear a su marcador, Bruno Rodrigo, y la colocó contra un palo. Go-la-zo. 3-0.

Enorme, River.

El resto fue esperar y Sánchez casi mete el cuarto. También la suerte estuvo de su lado, porque en un par de minutos dos pelotas dieron en los palos.

Enorme, River.

Hizo historia. Una vez más este equipo lo logró. En julio tendrá que medirse con Racing o Guaraní. Pasaron 10 años de la última semifinal de Libertadores. Tiene motivos para creer.