Partido suspendido: una vergüenza

Antes de arrancar el segundo tiempo, a los jugadores de River les tiraron gas pimienta y sufrieron quemaduras de primer grado. ¿Cómo sigue? ¿Qué dice el reglamento?

“Esto va a ser una guerra”, prometieron desde Boca antes del partido. Y así fue. O casi. Una vergüenza mundial en la Bombonera antes de arrancar el segundo tiempo cuando River estaba en la manga para ingresar al campo de juego.

Una persona -no se sabe quién fue- lanzó un gas pimienta que le provocó quemaduras de primera grado a algunos jugadores de River. Entre los más afectados se encontraron Kranevitter, Funes Mori y Maidana, Vangioni, Ponzio y Martínez.

Las manchas de color mostaza en el culo y los ojos vidriosos eran elocuentes. “Nos tiraron gas, unos cobardes, no puedo ver”, dijo Funes Mori. Agregó Cavenaghi: “Nos tenemos que ir a la mierda”. Contó Ponzio: “No puedo ver de un ojo, me arde, salí último y me tiraron”. Aportó Gallardo: “Una vergüenza total que abran la manga cuando salíamos, una vergüenza total”.

Mientras, tanto el médico de River, Pedro Hansing, era claro: “No pueden seguir jugando”. Un cambalache total en un fútbol del submundo, con un par de enfermos que entendieron que esto se podría resolver así.

Tardaron más de una hora en tomar una decisión. Que sí, que no… River, por una cuestión de reglamento, no podía retirarse del campo de juego aunque fuera lo que dictara el sentido común.

Mientras, los futbolistas de Boca apuraban para seguir jugando, en una egoísta actitud hacia sus colegas. Sólo Osvaldo se arrimó a algunos jugadores de River para saber cómo estaban.

Herrera, que había tenido una gran actuación en el primer tiempo, quedaba como rehén de la decisión. ¿Seguir o no?

Recién a las 23.13, tras llamados, idas y vueltas, se tomó la decisión de suspender el partido. ¿Cómo sigue esto? Por reglamento debería jugarse en las próximas 24 horas. Pero si la Conmebol considera que Boca tiene responsabilidad directa, los puntos serán para River. Van a ser fundamentales los informes del árbitro (Herrera) y del veedor principal (Roger Bello).

Imagen: Nicolás Aboaf