Taco Toro

Cavenaghi la rompió y metió dos goles, uno de taco. Y los gritó con fuerza, justo cuando en el otro banco estaba Almeyda.

Fue la noche del taco. Porque en el primer tiempo había ensayado una delicia que no terminó en gol de Driussi porque Bologna se anticipó. Pero Fernando Cavenaghi estaba empecinado con el taco. Y a la larga venció.

Fue una noche inolvidable del capitán, quien entró de titular por la lesión de Mora. Y cantó presente. Porque más allá de sus gritos ya había jugado un gran partido. Solidario, movedizo, con pases siempre al compañero mejor ubicado.

Y fue especial porque del otro lado estuvo Almeyda, el que lo echó -con el aval de Passarella- en una desprolija movida, allá por mediados de 2012 cuando venía de ser determinante en el ascenso.

Ya la había metido dos veces contra el Taladro el año pasado en su vuelta tras la operación de la maldita bursitis. Había sido de penal y con un tiro desde afuera del área. Ahora anotó con su sello.

Primero enganchó adentro del área y la puso abajo (colosal acción de Rojas). Pero faltaba lo mejor. Centro de Solari y tacazo para descolocar y desatar un festejo a puro grito. Y no se sacó la camiseta otra vez como en el 3-1 porque sino Laverni lo echaba.

“Estos dos goles me significan mucho porque entro en la historia grande del club. Estoy entre los diez máximos goleadores del club y va a ser un gran recuerdo para mí”, reconoció el emocionado ‘Torito’. Mientras que hizo mención a lo que fue su eufórico primer festejo: “Siempre es lindo, los goles se festejan. Uno no sabe hasta cuando va a hacer goles, así que cada uno se disfruta al máximo. Además el partido se estaba complicando y fue el que definió”.

106 goles. Superó a Morete y empató a Loustau. Cavenaghi, siempre vigente.

Imagen: Nicolás Aboaf