De guapo

River ganaba 2-0, pero como ya le pasó varias veces en el año no “mató” el partido y Gimnasia aprovechó: 2-2. En el final, Mora le dio la alegría para prenderse y esperar con todo al líder San Lorenzo.

Dos caras tuvo River en La Plata, pero ganó. De guapo, con el grito agónico de Mora. Se festeja, sí, porque el equipo se puso a tres puntos de San Lorenzo, al que recibe el próximo domingo.

Estuvo a pocos minutos de sucederle lo mismo que ante Quilmes, Unión, dos veces ante Juan Aurich y ahora frente a Gimnasia. Porque River se acostumbró a dar ventajas. Pasa de ganar los partidos con relativa tranquilidad a otorgar demasiadas ventajas. Y los rivales lo aprovechan. El Lobo estuvo a punto, pero en el final el Millonario logró un éxito que puede cotizar en bolsa a largo plazo.

Lo dicho: River arrancó mal en el Bosque. No hacía pie. Era un equipo largo dentro del 3-4-1-2 que implementó Gallardo. Había una autopista en la zona izquierda, porque a Driussi (carrilero) le costaba defender y el juvenil Vega no podía con todos. Maidana salía lejos y desarmado. Ponzio corría desde atrás a varios.

Fueron 15 minutos malos, con un repliegue poco escalonado. Así, el Lobo tuvo dos chances clarísimas. Primero se lo perdió Ignacio Fernández mano a mano con Chiarini y luego el arquero puso sus reflejos ante una media vuelta de Vegetti.

Hasta que River levantó. Cuando consiguió tener la pelota y los espacios en un choque de onda verde, fue profundo y contundente. Cavenaghi falló en un mano a mano, pero al rato tuvo revancha. Otra vez en el área chica olió sangre y ahora sí fue certero tras el error de Navarro, que dejó vivo un rebote.

El arquero Tripero volvió a colaborar, ahora por duplicado. La dejó corta dos veces y Solari la puso arriba. 2-0. Por como había comenzado la historia, River sacaba una buena diferencia.

El complemento comenzó con la misma tónica. Gimnasia atacando y River evidenciando grietas. Coronel descontó tras un corner y el triunfo se puso en riesgo. Gallardo percibió que el Lobo se venía y reforzó la mitad de la cancha con Kranevitter para auxiliar a Ponzio (salió Pisculichi).

Troglio contrarrestó con Nicolaievsky por Oreja, desarmando la línea de cuatro para agregar a un jugador para romper por afuera. El partido, a esa altura, estaba muy entretenido. Y River, más allá de la ventaja, estaba contra las cuerdas como otras veces en el torneo.

Había perdido el aire y le costaba salir rápido de contra. Por eso el Muñeco metió al Pity Martínez por Cavenaghi. El panorama estaba complicado y había olor a empate. Y el 2-2 llegó por Nacho Fernández: el tiro libre encontró a una barrera desarmada, la pelota pasó por el medio y la estirada de Chiarini fue inútil.

Y cuando parecía que terminaba mal la historia, River lo ganó de guapo. Corner, nadie la sacó y Mora la metió. Tres goles en el área chica. 3-2.

River está ahí, en la pelea grande. La euforia no debe tapar el análisis. No siempre se va a ganar cuando se entregan tantas ventajas.

Imagen: Nicolás Aboaf