“No quiero usar al club de enfermería”

Aimar se entrena aparte y ilusiona con ponerse la 10 de River. Realista, habla de su último intento por jugar al fútbol en buenas condiciones para disfrutar: “Esa es mi vara, no me gusta estar a media máquina”. 

“Por ahora solo camino, tengo que recuperar en los músculos que perdí fuerza. Hago todo despacio. Estaba muy lejos. De hecho pasaron seis meses y yo aún no puedo entrenar con el resto”.

Pablo Aimar describe sus primeros días en Punta del Este a 14 años de su vuelta a River. Se esperanza a su manera, pero no vende humo: “Quiero ayudar, quiero jugar al fútbol disfrutándolo. Estoy mejor que hace un año y medio, estoy mejor que hace medio año, cuando decidí no quedarme. Estoy en la última etapa de la recueperación, agaradezco que me la dejan hacer acá adentro. Soy el primero que sabe cuándo estóy bien y cuándo no. Ahora veo que tengo posibilidades de ponerme bien. Pero yo tengo autoexigencia y no quiero usar al club de enfermería. Siempre hay que arriesgar. Si sale bien, hice todo para estar. No pienso en otra cosa que en jugar, pero no me gusta jugar a media máquina, no quiero que me de lo mismo. Nunca me tomé el fútbol como un trabajo. Esto es un juego, un futbolista no puede ir a la cancha como a una oficina a cumplir horario. Cuando sos pibe no pensás mucho, ya de grande lo evaluás mejor”.

Las palabras le brotan con los enviados argentinos a Uruguay. No flaquea en ninguna respuesta. Y no se pone plazos. “Eso te juega en la cabeza. Yo quiero estar bien. Obvio que hay un equipo que tiene sus tiempos y sus fechas”. ¿Y cuál es el límite, Pablo? “La vara es disfrutar del fútbol. Eso es lo que me encanta; entrenar y jugar al fútbol. Si no lo disfruto… la vara es esa. No quiero tener dolores. Con dolores no disfrutás. Sin dolores, estoy. Y estoy ilusionadísimo. Con eso creo que voy a estar bien”.

A pesar de su chapa, el cordobés no busca sacar ventajas ni tener un trato diferente al resto. “Es el ejemplo que me dieron a mi cuando empecé a los 16 años. Los grandes no regulaban. Y no quiero hacer eso ahora. Si veo que todos se entrenan y están bien, no puedo pedir jugar. A Gallardo le dije que mi ilusión era volver. Le dije que él tenía todo el derecho del mundo a pensar otra cosa”.

Igual, está feliz por su segundo ciclo vestido de rojo y blanco. “Cuando me puse la ropa de entrenamiento sentí alegría. Hacía tiempo que quería hacerlo. La palabra que me hace volver es ilusión. Pero jugar en River no depende sólo de mí”, insiste.

Comparte habitación con Pisculichi. ¿Tirarán paredes juntos, como sueña el Muñeco? Por lo pronto, Pablo le tira flores al ex Argentinos. “Lo vi fantástico, se adaptó rápido a River. No es lo mismo jugar con menos gente que con la cancha llena. Ojalá me toque jugar con los mejores, ya habrá tiempo de pensar en eso”.

Tampoco, más allá de su experiencia, quiere hacer de consejero. “Mi rol es disfrutar, ayudar, el consejo es un tema complicado. A mí me encanta esta etapa, estar con gente más joven, sobre todo porque noté que son personas humildes y respetuosas”.

Le afloran los recuerdos: “La primera pretemporada fue en el 96, en Tandil. Debuté con San Lorenzo en Mendoza, me puso Ramón. Algunos siguen estando en el club, otros ya no, otros fueron y volvieron. Y me encontré con muy buena gente. Obvio que hay recuerdos. Mis hijos no entienden que yo viví muchos años en River, que iba al colegio…”

Obvio, opina sobre el River que vio: “Lo vi muy bien, con la posibilidad de tener una identidad, de saber a qué juega. No es algo que se analice tanto y no es fácil agarrarlo en un par de días. Se vio mucho en el primer semestre de Marcelo, estaba para los dos títulos, por suerte pudo coronar la Sudamericana. Y merecía el campeonato…” ¿Y lo que viene? “Es imposible no ilusionarse con la Libertadores, pero la ansiedad no es positiva. Si pensás más en pasado mañana que en mañana, te agarra la ansiedad”.

Posiblemente, si puede, use la casaca más emblemática de la historia del club. Sí, como hace 15 años, cuando la heredó de un tal Gallardo. “Marcelo me dejó la 10 cuando se fue. Es el mismo de hace 20 años. No sé cómo será como técnico, porque jugaba un fenómeno. ¿Que ahora no hay más enganche? El mejor Barcelona jugaba con tres 10: Xavi, Iniesta y Messi, cada uno con sus características. Ahora a los que juegan bien los corren un poco al costado, corren más…”