#AnuarioPM: “Noviembre, una montaña rusa”

Noviembre, vaya mes. Fue el más feliz, el que dejó en claro que la grandeza está de un solo lado en el Superclásico, el que metió a River en la final de la Copa Sudamericana. En la mitad del vaso lleno también apareció la revalidación de la posesión de la Calle Saenz Valiente. Pero también se perdió el invicto, la derrota con Racing terminó de rifar el torneo, falleció la madre de Marcelo Gallardo y todo tambaleó. Noviembre, la montaña rusa llega a su final.

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La lluvia dejó sin fútbol a River y Estudiantes en lo que debería ser el primer partido del mes, ese que sería el puente entre los enfrentamientos por la Sudamericana. Esa suspensión apretó el calendario, hizo que la vuelta de la Copa se adelante al torneo del partido y dejó con la bronca contenida a los Pinchas que más tarde se tomarían revancha.

Lo cierto es que el encuentro de vuelta de la semifinal de la Copa Sudamericana abriría el mes con un trámite no apto para cardíacos. En 90 minutos se resumiría todo lo que vino después en noviembre: Gol al minuto, tiros en los palos, avisos y vuelta en el marcador, dudas, incertidumbre, coraje y darlo vuelta con goles por arriba para un 3 a 2 que alargaba a 30 los partidos sin caídas. Pasó el sacudón, pero no sería el último. Se venía Boca…

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Con la cabeza puesta en seguir adelante en el torneo, River visitó a Vélez con mayoría de titulares a pesar del desgaste realizado entre semana. Se notaron las deficiencias de un equipo que iba perdiendo intensidad y que encadenaría una ‘larga’ racha sin victorias que lo depositaría en el segundo puesto días después. Fue 1 a 1 con Vélez para, y no es menor, alcanzar la mayor marca invicta en la historia del club: 31 partidos sin conocer la derrota.

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Había empezado la peor semana del semestre. Pero, en la marcha acelerada del año, el regreso de Fernando Cavenaghi a los entrenamientos matizaba cualquier pena. Estaba afuera de todo el 2014 y, de un día para el otro, se lo pensaba para enfrentar a Boca en la semifinal de la Copa Sudamericana. Tiempo al tiempo.

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El 12 de noviembre, seis meses después de su última caída y en el mismo lugar en que se había dado aquella derrota, River volvió a perder. Fue ante Estudiantes de la Plata, tenaz y metido tras haber sido eliminado en la Copa, se tomó revancha y le cortó una larga racha al Millonario para beneficio del resto que empezó a creer que podía. Nunca le encontró la vuelta al partido, sería un mes en que no tomaría el control del torneo.

Derrota vs. Olimpo

Como pasó durante todo el semestre, la cabeza estaba partida entre Sudamericana y Torneo. Aunque la situación había cambiado y River parecía bipolar. Con la sonrisa de oreja a oreja porque recuperaba a Teo para la Semifinal con Boca y porque Cavenaghi volvía a jugar, con el gesto adusto por la caída ante Estudiantes y un empate insólito ante Olimpo por 1 a 1 que, a la postre, le significaría perder el campeonato.

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En ese contexto, River visitó a Boca en la primera ‘final’ de la Sudamericana. Fue 0 a 0 y fue una guerra que quitó piernas, cabeza y enfoque pero que dejó la puerta abierta para una fiesta en el Monumental. Ahí, en casa, River apostaría a buscar el partido, no como hizo Boca en su lugar.

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Pero en esa montaña rusa que fue noviembre, quedaba lugar para una pendiente más, la última y más decisiva. Con la cabeza puesta en el partido de vuelta, River regaló el torneo a expensas de Racing. En el único encuentro que definía la posesión de la punta del torneo, Gallardo eligió por los suplentes y, a pesar de merecer más suerte, perdió 1 a 0 con un gol en contra. Mala suerte, dicen. Otros hablan de destino. Cuatro días más tarde, eso quedaría en la historia…

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Pero antes otra patada inesperada: Un grupo de barras ingresó al club y se topó con la ‘barra oficial’. Hasta el choque con Boca, la incertidumbre se adueñó de River y Rodolfo D’Onofrio tuvo que dar explicaciones. Mientras se confirmaba el torneo de 30 equipos y el rival para la Supercopa Argentina.

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Al minuto del Superclásico, parecían que las malas continuarían hasta final de año. Penal para Boca, va Gigliotti, ‘parabam parabam’… Ahí cambió la suerte.

Parabam, parabam…

BA-RO-VE-RO. Sus manos dijeron basta. En realidad, fue su palma izquierda la que cacheteó esa bola que se metía y que amenazaba con eliminar a River. Después fue historia conocida, la aparición de Leonardo Pisculichi y ¡que viva el fútbol! La fiesta adentro, la fiesta afuera, la alegría en todos lados. River finalista, Boca a tu casa y no nos pudiste ganar en todo el año

La película del Súper copero:

Ah, River le ganó a Banfield por 3 a 2 y estiró la definición del torneo. Volvió Cavenaghi, marcó un doblete y llegó a los 101 goles Millonarios. ¿Se acordaban o todavía estaban de festejo por lo del jueves?

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Chau también a noviembre que se despedía de la mejor forma que tenía. Gracias por venir, gracias por irte. Y, por cierto, los corazones que aguantaron ese mes pueden decir que están para escalar el Everest. Vení Diciembre, te esperamos hace rato…