#AnuarioPM: “Junio, Bienvenido, Muñeco”

Sin Ramón, la dirigencia dejó en manos de Enzo Francescoli la búsqueda de un nuevo entrenador. D’Onofrio y compañía sugirieron algunos apellidos fuertes: Martino, Sampaoli, Berizzo, entre otros. Para el secretario técnico, en su primera gran decisión en el cargo, no había otro nombre mejor que el de Marcelo Gallardo. Así, tres días después de la salida del riojano, el Muñeco se hacía cargo.

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En junio, en pleno receso por el Mundial, el DT se llevó lejos a su tropa. Eligió a Miami como destino para comenzar a imponer sus ideas futbolísticas. Con Cavenaghi lesionado por una bursitis, más las presencias de Alvarez Balanta y Teo Gutiérrez en Brasil, empezó a trabajar con un plantel más acotado que en la era Ramón.

La política futbolística -y sobre todo económica- del club era no traer por traer. La plata no sobraba y ni siquiera la venta de Lanzini al fútbol árabe resultaba una tentación para salir como locos al mercado. Igualmente, por pedido de Gallardo, se hizo un intento por Lucas Pratto. Vélez no aceptó los 5 millones de dólares que River afirmaba tener para comprar al punta. Para el técnico era clave contar con el Oso porque sabía que el Torito no iba a estar en casi todo el semestre y era un interrogante el futuro de Teo. Pratto, se sabe, no llegó a Núñez. Entonces, Gallardo apostó a potenciar a Mora, que volvía del exilio chileno, y le dio más cabida a pibes como Simeone, Boyé y Kaprof.

Había que traer poco pero bueno. En ese contexto, el Muñeco aprobó el arribo de Pisculichi, quien venía de descender con Argentinos Juniors. Le hubiera gustado juntarlo con Lanzini, pero cuando éste se fue Gallardo confió en darle la conducción del equipo. A la larga, los resultados serían muy satisfactorios. Además, por la ida de Chichizola, quien había quedado libre, Julio Chiarini llegó de Instituto para cuidarle las espaldas al confiable Barovero.

El River del Muñeco se iba armando. A pasos lentos pero seguros.