Semi-ra y no se toca

El Monumental fue una fiesta. Los festejos fueron un ejemplo y no faltaron las cargadas a Boca.

Explotó el Monumental en un grito de felicidad que buscaba salir hace 17 años. Que estaba ahí, agazapado. Y llegó con todo.

Fue festejo, alegría y emoción. La fiesta, como es habitual, fue para el recuerdo. Las vallas que cercaron la cancha marcaron un momento importante.

Hoy estuvieron y fueron el contorno de una celebración digna del recuerdo. Es que después del festín que fue el partido, lo que se vio estuvo a esa altura. El abrazo emocionado de todo el plantel en el córner derecho del arco que da a la Sívori fue el preludio de una fiesta desatada en algarabía y contenida en violencia, ya que fue todo en armonía y sin invasiones al terreno de juego tal como de pregonó antes de la final. Una vez levantada la copa, se atenuaron las luces y el cielo se lleno de fuegos artificiales.

Mientras, los jugadores se subieron al colectivo que los llevó a dar la vuelta olímpica y que en sus costados paseaba una ocurrente pantalla de led que transmitía el gol de Pisculichi ante Boca y una frase sugerente: “Semi-ra y no se toca”. La misma también se vio en las camisetas que tenían preparadas para los jugadores.

La fiesta continuó en el resonar de las puertas convertidas en tambores tanto adentro del vestuario como en los pasillos del Monumental…

Imagen: Nicolas Aboaf