Riverrrr

River es campeón, el mejor de Sudamérica y Hernán Castillo lo pondera en su nueva editorial.

Volver a ser es el lema. Volverá ser es el tema. Volver a ser era el objetivo. Ya está. Cumplido. Hay una canción que a mi no me encanta. Me suena rara. Es esa de “este ese, famoso River, el famoso River Plate, bajense los pantalones…”, y sigue. Me hace ruido por lo que implica. Por lo gráfica. Pero qué real, hermano. Mete miedo este River. Mete respeto. Nadie se le anima. Hace cuánto no pasaba. Y ante la duda de sí podía o no podía ser campeón. Ahí está. Campeón internacional. A disfrutar.

No hay análisis del partido. Hay análisis de la vida de este River. De sus hinchas. Que hace dos años y medio estaba en la B con un dolor y una humillación sin igual. Y que demuestra ahora que solamente los elegidos de verdad pueden dar vuelta la historia tan rápido. Para que Mercado salte más que todos porque todos los elevamos. Para qué Pezzella defina todo de cabeza porque todos saltamos para cortinarlo. Para qué River vuelva a ser lo que es. Con todo lo que eso implica.

Vale llorar. Como lloró Gallardo por su mamá abrazado a su hijo. Como lloró mi mujer porque se emociona con River. Como lloró la novia de Pezzella que estaba en la Belgrano baja atrás mío. Como lloraron todos los familiares porque saben que los suyos quedaron en la historia. Como lloraron los jugadores porque son River en esencia, sean hinchas o no antes de llegar al club se hacen ganas porque River les hace eso. Como lloran los dirigentes porque heredaron el club hecho mierda y hoy hace historia en menos de un año de asumir. Expliquenlo como quieran. Si quieren. Hay poco que explicar. Esto se siente. Disfruten como quieran. Tengan memoria para que no sea efímera tanta alegría. Y nunca olviden que volver a ser River tiene sus privilegios. Y aunque no me gusta la canción, la canción existe. Y mete miedo. Respeto. Se impone a pura gloria. “Este es el famoso River, el famoso River Pleiiii…”