Esta copa es mía

Con goles de cabeza de Mercado y Pezzella, River le ganó 2-0 a Atlético Nacional y se quedó con la Sudamericana, el sexto trofeo internacional de la historia. El premio a un campeón merecido.

Esta copa es mía. Besala, tocala, adorala, es tuya. Es de River, como hacía 17 años no pasaba. Que 2014 inolvidable, hermoso, bien a lo River. Ganador. Campeón. La reconstrucción llegó. El volver a ser River bien entendido. Con juego, con estilo, con tesón cuando es necesario. Este cuadro de Gallardo merecía coronar. Faltaba el acto de superación. Y este llegó. En una copa, con lo que costaba ganarla. Y eso que hablamos del club más ganador del país. River se sacó una espina.

Le ganó a un gran rival como Atlético Nacional. Fue un partidazo, una final sin temores a ganar, con dos propuestas generosas, dignas de equipos ofensivos y con mentalidad para conseguir cosas grandes. River fue más certero, aprovechó al mango la pelota parada, arma letal de este equipo que también tuvo -y tiene- mucho volumen de juego, aunque lo haya perdido un poquito en los últimos meses.

¿Qué pasó en el partido? River arrancó presionando, cada vez que atacó le mostró las marcas a los colombianos, que jamás se amedrentaron. Cuando pudieron, jugaron, metieron, mostraron personalidad.

En el primer tiempo, por situaciones, River mereció un poco más. Entre la impericia de Teo y el bueno de Armani, el gol no llegó. Tuvo varias Gutiérrez. A saber: un cabezazo entrando por el segundo palo luego de un buen centro de Vangioni, una media vuelta que contuvo el arquero, un derechazo que no logró la comba necesaria tras un brillante enganche, un zurdazo sin fuerza ni dirección a las manos del arquero argentino y, la más clara, un mano a mano en el que se nubló, porque controló mal el balón (raro en Teo) y llegó a los tumbos al área.

Atlético Nacional también llegó. Y claro. Como en esa acción en la que Ruiz le pegó y besó el palo izquierdo. O como en esa genial respuesta de Barovero con la pierna derecha después de una maniobra a tres toques que cayó en la diestra de muy buen jugador que es Cardona, el 10 de los de Medellín.

La historia no estaba fácil. Había fe porque cuando se lo propuso, River metió mucho peligro. Asumió riesgos. De a ratos Pezzella y Funes Mori quedaban mano a mano con los veloces puntas cafeteros. También se encontró desnudo un par de veces y Atlético Nacional expuso sus dientes.

En ese contexto, el segundo tiempo, River arrancó nervioso. Funes Mori salió mal del fondo dos veces y se ganó la amarilla por una falta cerca del área. El equipo estaba apurado, corría detrás de la pelota.

Pero una vez más encontró un gol prácticamente de la nada, en el momento menos esperado, un mérito de este equipo. No flaqueó cuando el rival lo puso contra las cuerdas y lo aniquiló en la primera que tuvo a mano. Lo hizo por el excelente juego aéreo que tiene. Pisculichi metió unos de sus típicos puñales en el área y Mercado le ganó a su marcador para ponerla contra un rincón. 1-0.

Con el envión, River fue por más. Y otra vez el arma letal para liquidar. Pezzella, hombre clave en esta parte del semestre, que se bancó reemplazar a un líder como Maidana, le puso toda la cabeza a otro enorme lanzamiento de Pisculichi. Con el 2-0, Atlético Nacional bajó la guardia. River ya le había asestado dos golpes de nocaut terribles.

Merecido campeón. Invicto, con ocho triunfos y dos empates. Con el plus de haber dejado en el camino al eterno rival. A la larga, el fútbol es justo. Siempre es así. Premió a Gallardo y a sus jugadores, que le devolvieron la identidad a River. En un 2014 hermoso.

Tocala, besala, adorala. Esta copa es mía. Y sólo mía.

Imagen: Nicolás Aboaf