No está muerto quien pelea

En un partidazo, River le ganó 3-2 a Banfield y está a dos puntos de Racing a una fecha del final. Los cambios de Gallardo fueron determinantes, porque los goles fueron convertidos por Cavenaghi (2, uno de penal) y Sánchez, que arrancaron en el banco. Fue expulsado Osmar Ferreyra.

Reaccionó justo. Porque tenía la cabeza en otro lado. Estaba aún gozando de las mieles del enorme triunfo ante Boca. Tenía la mente en la final de la Sudamericana. Así jugaba River frente a Banfield. Y así le iba. Hasta que cambió. Claves fueron las modificaciones del técnico. Y determinante las acciones de los futbolistas para ganarle a un rival que juega bien pero que también otorga ventajas que River supo aprovechar.

Arrancó la tarde sabiendo que Racing ganaba en Rosario con un gol en offside. Ya en cancha se enteró que Milito ponía el 3-0 definitivo. Sólo los jugadores sabrán cuánto les pesó eso hasta que se desataron y ganaron el partido.

El Muñeco otra vez le dio cabida a los suplentes, reforzados con Barovero, Mercado y Teo Gutiérrez. Algunos pibes aún están verdes. O, directamente, no saben aprovechar las chances que les da el entrenador, que fueron varias en este semestre por la falta de recambio ante un plantel corto. El mérito enorme es que ante esa presunta dificultad, River llega con chances a la última fecha. Deberá ganarle a Quilmes y esperar por un guiño de Godoy Cruz, rival de Racing.

Pero estábamos hablando del recambio… Cirigliano está volviendo de a poco, tiene el crédito abierto. Urribarri y Ferreyra, ya dos experimentados, no hacen uno por la banda izquierda. Solari hace que Sánchez sea el mejor 8 del planeta, aunque cerró bien una tarde que venía siendo de perros. Driussi no se define. Lo mismo Tomi Martínez. El único diferente en la tarde noche gris del Monumental fue Mammana. Se nota que tiene clase, se para como un 2 de River (usted sabrá entender), sale jugando y no se queda quieto, sino que busca involucrarse en el circuito colectivo. Y el que la está rompiendo es Pezzella, quien en el final del partido sacó todo.

Al equipo le costó una enormidad el partido. Lo dicho: sólo ellos sabrán cuánto repercutieron las malas noticias que llegaban desde Arroyito. Porque prácticamente no llegó en el primer tiempo. Sólo un tiro de Gutiérrez que sacó Servio.

Y Banfield, que tampoco hacía demasiado, lo abrió con un gol de otro partido. En realidad, un golazo. Bertolo cortó desde izquierda hacia el medio y la clavó en el ángulo de Barovero. 0-1.

En el complemento, Gallardo puso a Sánchez, sacó a Mercado, retrasó a Solari, que no la pasaría bien por esa zona. También incluyó a Cavenaghi por Teo para que descanse pensando en la final de la Copa. Y fue otra cosa.

Arrancó más metido, River. Martínez tuvo el empate, pero su derechazo fue defectuoso. Cavenaghi cabeceó solo pero mal y a las manos de Servio. Al rato, el goleador tendría revancha.

Barovero tuvo una atajada excepcional contra Salcedo y en la contra lo empató el Torito, con responsabilidad de Servio. La pelota le pasó por debajo de la panza.

Entonado, River fue por más. Y encontró la ventaja. Un buen centro de Solari halló en soledad a Sánchez sólo entrando por izquierda. De cabeza, el uruguayo la puso por encima del arquero del Taladro. 2-1. Reacción a tiempo para seguir en carrera.

Pero… todo lo bueno que hicieron Cavenaghi y Sánchez lo despilfarraron Ferreyra y Solari. El Malevo se hizo expulsar por una falta en la mitad de la cancha (sumó dos amarillas) y el Indiecito se lo llevó puesto a Bertolo y le hizo un penal que Salcedo cambió por gol.

Con el 2-2, el partido se rompió. Gallardo, aún con 10, lo fue a buscar. Boyé por Martínez. Almeyda sacó a un 5 (Domingo) y metió a un enganche (Requena). Estaba para cualquiera, con el Millonario parado en campo rival y el Taladro, generoso atrás, apostando al contragolpe.

Solari tuvo su desquite. Armó un jugadón por derecha a pura gambeta y fue penal. Cavenaghi puso el 3-2 con notable jerarquía. Del bodrio del primer tiempo al partidazo del segundo.

Ahora había que sostener la ventaja. Barovero sacó lo que le tiraron. Y deliró el Monumental. Ahora a enfocarse en la final de la Copa. Pero no está muerto quien pelea.

Imagen: Nicolás Aboaf