Entre la amargura y el festejo emocionado

A 48 horas de perder a su mamá, Gallardo le puso el pecho a la situación y condujo a River hacia el éxito.

Hay que tener temple para salir a una cancha de fútbol, aunque sea tu pasión y te paguen, a 48 horas de la muerte de su madre. Eso hizo Marcelo Gallardo. Lloró la pérdida, pero juntó coraje y puso toda su sabiduría en función de una estrategia para ganarle a Boca.

Cuestionado por los cambios que hizo con Racing, entendió que el Superclásico se debía jugar con piernas y mente frescas. No falló.

Sí su cabeza dio muchas vueltas en los últimos días. Ana, su vieja, le dijo adios por culpa de una maldita enfermedad llamada cáncer.

Gallardo explotó con el gol de Pisculichi, pero luego vivió el partido tensionado y charlando mucho con sus colaboradores. El abrazo final con su hijo Nahuel, habitualmente alcanzapelotas (juega en inferiores), fue una de las fotos de la noche.

El Muñeco se fue en silencio del Monumental. Acompañado por su mujer, Alejandra, sus pibes y su padre, don Máximo. La dedicatoria fue hacia el cielo. Su madre, orgullosa de su hijo, habrá festejado en algún lugar.

Imagen: Nicolás Aboaf