River, carajo

Con más huevos que fútbol, el equipo de Gallardo se metió en la final de la Copa Sudamericana. Con un golazo de Pisculichi, bancó la ventaja, pudo ampliarla en el segundo tiempo y desde el miércoles próximo se medirá con Atlético Nacional. Barovero fue clave atajándole un penal al minuto a Gigliotti.

Que sufrimiento. Que emoción. Que alegría. Delira el Monumental. Tiemblan las columnas. “Mirá, mirá, mirá, sacale una foto, se van para La Boca con el c… roto”.

Son esas gargantas que no paran de gritar, de saltar, de alentar, de aguantar que el corazón no les reviente. Es River puro ganándole al rival de toda la vida. Es poner más huevos que fútbol. Es tener a un arquero que ataja un penal clave. A un fenómeno de la pegada como Pisculichi. A Ponzio metiendo como loco. A Pezzella sacando todo de arriba. A Funes Mori como una fiera. A Teo dando clases de cómo se deben jugar estos partidos.

Es sacarse la espina. Es quedar a dos partidos de obtener la Sudamericana. Y encima diciéndole adios al eterno rival.

Que sufrimiento River. Pero vale la pena. Por esa multitud que reventó el Monumental y que armó una verdadera fiesta. Por Gallardo que perdió a su vieja 48 horas antes e igual armó un plan para ganarle a Boca.

Pero pasaron 90 minutos. En realidad 180 tras aquel 0-0 feo en la Bombonera. Ahora se arriesgó un poco más. Pero, se insiste, valió la pena tener que parir tanto para darle rienda suelta a un festejo interminable, aunque River ya tiene que pensar en Nacional de Medellín, con el que se medirá desde el próximo miércoles, en Colombia, definiendo la historia el 10 de diciembre, en el Liberti, que seguramente otra vez reventará.

Increíble arranque tuvo el partido. Hasta impensado. ¿Quién podía imaginar que a los 15 segundos Delfino iba a cobrar un penal? Rojas paró la pelota adentro del área, se durmió, Meli se la robó y el Chino se lo llevó puesto. Clarísimo. River necesitaba un guiño: Barovero se lo atajó a Gigliotti con una notable intervención.

Igualmente, esto no tranquilizó a los de Gallardo, que lejos estaban de recuperar el circuito ofensivo, la movilidad, la chispa y la contundencia de otros tiempos.

Boca siguió atacando y casi encuentra la ventaja, pero otra vez Barovero, luego de dar un rebote ante un disparo de Carrizo, achicó rápido y bien contra Gigliotti. El visitante, sin Chávez pero con dos 9, complicaba.

River estaba tenso, no le salía una, ni siquiera de pelota parada, un arma letal de este equipo. Pero como hasta poco tiempo, encontró un gol de la nada. Vangioni se mandó por izquierda luego de un gran pase de Ponzio, le pegó mal y ese centro bajo encontró en soledad la entrada de “San Pegada” Pisculichi, que la cambió toda ante un Orion estático. Golazo por la definición, por cambiar la trayectoria con la pelota en movimiento.

Sin embargo, como luego del penal, el gol no le dio paz a River, que comenzó a cargarse de amarillas: Mercado, Ponzio y Vangioni la vieron en un par de minutos. Incluso, el volante central caminó por la cornisa de la roja.

A los volantes les costaba encontrar a Meli y Carrizo, las usinas generadoras de fútbol ante la ausencia de un apagado Gago, que se fue lesionado. Arruabarrena puso a Fuenzalida mano a mano con Vangioni y Meli se metió adentro con Erbes. Pudo empatarlo, pero un cabezazo de Calleri se fue apenas arriba. También por una entrada franca de Gigliotti, pero su remate cruzo el área y se fue ancha. River, por la misma vía, casi se pone 2-0, pero el testazo de Teo, en el corazón del área, fue a las manos de Orion.

En el primer tiempo, ya habían asumido muchos más riesgos que en la ida. En el caso de River, a pesar de la ventaja, no daba garantías. Así se fue al descanso, tranquilo por el 1-0, pero inseguro por su bajón futbolístico sostenido por su arquero y la magistral pegada de Pisculichi.

En el complemento, River empezó mejor, más compacto y homogéneo. Boca ya dejaba espacios por su urgencia y no se le caía una idea. Pero faltaba precisión en la última puntada. Encima, ya empezaban a jugar muy fuerte, con infracciones al borde de la expulsión y con un Delfino de tarjeta blanda.

Teo estaba indomable. Le comía la espalda a Colazo y se filtraba por todos lados. Tuvo el segundo, pero Orion se lo impidió. Arruabarrena se la jugó la ficha Chávez, aún cuando no estaba en su mejor condición física. Y sacó a Fuenzalida, quien había entrado por Gago. 4-3-3 para arrinconar a un River que ya lucía más tranquilo, pero debía ese toque final para liquidar la serie. Pero el Xeneize no hacía ni cosquillas. El Millonario ya estaba seguro y de contra le perdonaba la vida al eterno rival. Sánchez también se perdió dos situaciones claras.

El Muñeco buscó cerrar todo con Solari por Pisculichi. 4-4-2 y el uruguayo para darle una mano a Ponzio. Y Cavenaghi por un Mora extenuado.

El partido ya estaba roto. River bancaba con solidez y aplomo, Boca iba sin una estrategia clara, pero, lo dicho, no llegó al arco en el segundo tiempo. Quizás pagó caro la falta de puntería inicial.

Festeja River. Aunque no haya sido su mejor versión, puso todo, dejó el alma. Y ganó. Y pasó. Este, el de Gallardo, es el equipo que más brillo tuvo en el semestre. El fútbol, a veces, es justo. A la larga, es justo.

Imagen: Nicolás Aboaf