A definirlo en casa

En la ida de la semifinal de la Sudamericana, River empató sin goles en La Boca. El partido fue ordinario y con pocas llegadas a los arcos. La revancha será el próximo jueves, en el Monumental.

Y fue 0-0. Tantas ilusiones tenía el Superclásico después de la lluvia del choque por el torneo doméstico… Con técnicos que pregonan un buen fútbol, sobre todo Marcelo Gallardo. ¿Y? La nada misma. Un espectáculo ordinario, con pocas situaciones de gol y que deja la serie abierta. Todo se definirá en siete días, en el Monumental. ¿Qué pasó en la Bombonera?

De entrada, Boca salió a arrinconar, no dejaba que River sacara limpia la pelota desde abajo y lo obligaba a hacer faltas para cortar el juego. Vangioni quedó condicionado de entrada por una fuerte entrada a Martínez. Y al equipo de Gallardo le costaba avanzar con toques y casi siempre terminaba en pelotazos, muchas veces en desventaja para los delanteros, porque los locales eran mayoría atrás.

El partido era cortado, lleno de imprecisiones, a paso cansino, nadie quería dar un metro de resquicio. Por arriba o desde afuera del área parecían ser las variantes para llegar, nadie conectaba líneas. Gago probó, Barovero respondió. En 22 minutos era lo más peligroso. Poquito.

River tuvo un repunte en ese tramo. Pisculichi comenzó a jugar cerca de la zona de fuego, a 30 metros del arco rival, donde más daña. Le puso un pase hermoso a Simeone (caño incluido), pero el Cholito no logró controlar bien la pelota para enfrentar a Orion. En ese lapso, Arruabarrena tuvo que meter mano obligatoriamente por la lesión de Martínez, que venía complicando a Vangioni. Entró Fuenzalida, con otras características.

Ya era un partido de ajedrez, pero aburrido. Esa presunción que con cancha seca, a diferencia del aguacero del 5 de octubre, los haría jugar mejor, estaba totalmente descartada de plano. Y encima los jugadores estaban más pendientes de la provocación, como el tumulto que se generó luego de una imprudente falta de Ponzio a Gago. El volante central de River también quedaba condicionado. Y así se fue el primer tiempo, con más pelea que fútbol.

¿Qué propusieron en el complemento? Otro interrogante era: ¿Cuánto podía pesarle a River el presunto cansancio por la acumulación de partidos contra un rival, que como ya no pelea por el torneo local, tuvo más tiempo de preparación para este Superclásico? Esto último quedó tirado por la borda, porque los de Gallardo siguieron corriendo, pero lejos hoy están de ser aquel equipo que presionaba en campo contrario y asfixiaba a los contrarios extirpándoles el balón y llegando rápido al arco enemigo. Si la diferencia física fuera notoria, Boca, más descansado, lo hubiera pasado por encima. Y eso no pasó.

Boca otra vez salió a apretar. Chávez tuvo espacios por primera vez en la noche y le quemó las manos a Barovero, que contuvo en dos tiempos. Lo había dicho Gallardo en la previa: se les complica en sitios reducidos.

River respondió con un centro de Sánchez, pero la resolución de Teo, de taco, no fue precisa. Al menos, estaban más animados que en el primer tiempo, aunque todavía no había demasiada claridad. Y encima el Millonario se cargaba de amarillas: se sumaban Funes Mori, Sánchez, Gutiérrez y Maidana, que luego salió lesionado para dejarle su lugar a Pezzella. En el final, River iba a contabilizar 27 faltas. Demasiadas para un equipo que no pega.

Y Gallardo metió mano: Boyé por un irresoluto Simeone, que no pesó y perdió en la batalla con Forlín y Díaz. Arruabarrena apostó a Gigliotti para embocar en un centro. Forlín lo tuvo, pero la pelota cayó en la humanidad de Trapito.

Nervios, más imprecisiones, muchas faltas. Así se fueron pasando los minutos. No saliendo de la monotonía y la tensión que implicó este primer chico en la Bombonera. Y fue 0-0.

¿Sirve? En estas definciones coperas, puede representar un peligro. Un hipotético gol visitante, obliga al local a meter dos. Pero River tiene muchos elementos para hacerse fuerte de local. A definirlo en casa.

Imagen: Nicolás Aboaf