Y un día, la máquina se frenó

River no jugó bien y Estudiantes le cortó el invicto de 31 partidos. Fue 1-0 para el Pincha, que lo incomodó y le anuló todos los caminos. Lo bueno: el equipo de Gallardo sigue dependiendo de sí mismo para ganar el campeonato.

Y un día, la máquina se frenó. Porque no jugó bien. Porque un rival que lo había puesto en jaque en la Sudamericana ahora sí logró ganarle. Y el torneo se emparejó. En ese contexto, lo único bueno para River es que sigue dependiendo de sí mismo para ganar el torneo cuando quedan cuatro fechas para su finalización.

Gallardo sorprendió con la disposición táctica inicial. Por primera vez, dispuso una línea de tres en el fondo y sumó un volante más a la mitad de la cancha. En los choques coperos, Estudiantes le había copado esa zona, evidenciando errores defensivos de River. Sin Sánchez, que se extrañó mucho, y aún padeciendo la lesión de Kranevitter, la idea era copar más la zona. Rojas, como en la época de Ramón Díaz, apareció por adentro. Y Vangioni debía hacer toda la banda.

De entrada, River la pasó mal. Cerutti desbordó al Piri, Barovero cortó a medias un centro y Vera aprovechó para poner el 1-0. Por novena vez en el semestre, River comenzaba abajo en el marcador. De nuevo, había que mostrar juego y carácter para remontar.

Lo primero no apareció. Estudiantes interrumpía bien las líneas de pases por adentro y obligaba a River a romper por afuera y muchas veces terminaba en centros de Solari o Vangioni. Así, Schunke y Desábato, los lungos, despejaban con solvencia aunque Mora y Driussi merodearan por la zona de fuego. Recién a los 28 minutos se vio lo mejor. River logró presionar con éxito, Guido Rodríguez tocó para Mora y el uruguayo la mandó arriba del travesaño.

Otra opción parecía ser la pelota parada. Y pudo empatarlo con un remate de Pisculichi que provocó algunos gritos de gol en el Monumental. Pero la pelota rozó el ángulo derecho del arco de Hilario Navarro. Así se iba la primera parte.

Gallardo volvió a patear el tablero en el entretiempo. Afuera Solari, de mal partido, adentro Simeone para tener una referencia en el área. Driussi a la derecha, como en el bautismo del ciclo del Muñeco ante Ferro, por la Copa Argentina. River empujaba, aunque sin la claridad necesaria para poner a un delantero de frente al arco contrario. Estudiantes lo incomodaba. Incluso quedaba desarmado atrás, muy abierto, con espacios. Por eso fueron amonestados Pezzella y Rodríguez, que llegaron a destiempo en dos jugadas.

Con media hora por jugarse, Pellegrino plantó línea de 5: Re por Cerutti. Gallardo contrarrestó con Tomás Martínez por Rojas. A esa altura, River estaba jugado con un 3-3-2-2. Pero no podía entrar no había manera.

En los 15 finales, el Muñeco quemó las naves. El ingreso de Boyé por Pezzella ya era plata o nada. River ya estaba partido. Los defensores y Rodríguez por un lado, el resto todo arriba. Correa armó un jugadón y Vangioni salvó milagrosamente con Barovero entregado en el piso. Al toque, Auzqui quedó a solas con el arquero, pero Trapito la sacó. Y encima Pellegrino agregó a Goñi para defender con línea de seis.

River se quedó impotente. Llenó el área de centros, no acertó una. Corrió, sí, pero le faltó gestación. Se frenó la máquina, pero hay motivos para seguir creyendo.

Imagen: Nicolás Aboaf