No se quiebra

River no arrancó bien en Liniers, pero emparejó las acciones y se llevó un 1-1 ante Vélez que le sirve, porque sigue dependiendo de sí mismo para ser bicampeón. Y hace 31 partidos que no pierde.

Parece que está por caer en la lona, pero siempre tiene una mano para reponerse. Lo ponen contra las cuerdas, aunque resiste los embates. Arranca perdiendo por octava vez en el semestre, pero a la larga suma. Si no aparece el juego, surge el temple y el carácter. El cansancio impone su rol, pero el espíritu no decae.

River vivió una historia complicada en Liniers, pero rescató un punto. Fue justo, porque a pesar de las dificultades que le originó un rival que no está como en sus mejores épocas pero sabe a qué juega, el 1-1 no le sentó nada mal. Es cierto que se achicó la brecha con sus inmediatos perseguidores, pero cuando le quedan 5 partidos por jugar (a otros 4) depende de sí mismo para ganar el bicampeonato.

Gallardo implementó una rotación por la acumulación de partidos, sumado a lo que se viene contabilizando las últimas fechas del torneo y la semifinal copera con Boca. Por eso Maidana y Pisculichi (no fue ni al banco) descansaron. River padeció sus ausencias.

Vélez arrancó presionando y por los costados generó buenas acciones que Pratto y Asad no terminaron con precisión. Los problemas defensivos comenzaban a evidenciarse. River estaba incómodo en la cancha. Y a los 18 minutos, otra vez rompiendo por afuera, Vélez encontró el camino. Caraglio saltó más que Mercado, quien además miró más la pelota que al hombre, y la puso contra un rincón, inatajable para Barovero.

Luego del gol local, River salió un poco, aunque carecía de conceptos. Sin Vangioni, estaba rengo por la banda izquierda. Funes Mori, por características, más allá de lo confiado que está, no es lo mismo como 3. Rojas, esta vez, aparecía más cerrado. Todo porque la pelota no era bien manejada en el medio, no había creación. Y entonces el Chino, al no estar Pisculichi, debía ser un poco el patrón en el medio.

Gallardo apostó por Boyé como enganche. La idea era que arrancara desde atrás y llegara libre a zona de fuego. Tuvo el gol, pero no cabeceó bien un buen centro de Mora.

Por octava vez, River arrancaba en desventaja. Y otra vez acusó el golpe. Paciente, aunque sin claridad, halló el empate. Nadie de Vélez la pudo sacar del fondo y el rebote le quedó a Mercado, que con un fierrazo cruzado puso el 1-1. Un bálsamo en una historia realmente complicada.

A esa altura, los dos estaban llenos de amarillas. Estaba picante el asunto. Lo tuvo Vélez, pero Barovero se lo sacó a Pratto tras un balón que cruzó todo el área y nadie rechazó. En la contra, Mora cabeceó un gran centro de Sánchez, de lo mejor de River, y pasó cerca. Así las cosas, el 1-1 era negocio.

En el segundo tiempo, el equipo se paró más arriba. Aunque seguía carente de juego. Boyé era consumido por el tándem Desábato-Romero y Teo estaba más pendiente de las peleas con Trucco que de jugar. River lo extrañaba tanto como a Maidana y a Pisculichi.

Mora exigió con un tiro libre que sacó Sosa. El desarrollo ya había sido emparejado por River, con un motor como Sánchez, capaz de desdoblarse para ayudar en la marca y ser una usina generadora de fútbol con esa dinámica que lo caracteriza. El uruguayo corre como siempre, pero está mejorado con el balón. Se nota en cada partido.

Vélez ya no llegaba con peligro. River dejaba muchas veces mano a mano a los zagueros, de floja noche, con los peligrosos Pratto y Caraglio, pero la pelota no les llegaba limpia. Igual, en una contra, el que estuvo cerca de Núñez, eludió a Barovero y Mercado se vistió de héroe sacándola sobre la raya del arco. Valió tanto como su gol. En la contra, Sánchez le quemó las manos a Sosa. Y no paso mucho más.

Por como se dio el partido, el 1-1 fue positivo. River le lleva dos puntos a Lanús, tres a Racing (tiene un partido más), seis a Boca (también con un partido más) e Independiente. El miércoles paga el pendiente con Estudiantes. Sigue arriba. Lo bueno es que depende de sí mismo.

Imagen: Nicolás Aboaf