Por ahora, nadie lo para

Con goles de Vangioni y dos de Teo Gutiérrez, River le ganó 3-0 a Belgrano y le sacó 4 puntos a Lanús, 5 a Independiente y 6 a Racing cuando quedan 21 en juego. Sin brillar y apurado en algunos tramos del segundo tiempo, las individualidades sostuvieron al equipo, que hace 26 partidos que no pierde.

No para. O nadie lo puede parar. O River no quiere parar. Como usted quiera… Lo cierto es que el equipo de Gallardo se cargó a Belgrano, el último rival que le ganó. El invicto ya trepó a 26 partidos y en el torneo sacó una diferencia considerable ante sus inmediatos perseguidores. A 4 puntos quedó Lanús, a 5 Independiente y a 6 Racing.

River venció a Belgrano con justicia, aunque haya tenido algunos sobresaltos. Le costó meterse en el partido e imponer su juego. Cuando lo hizo, casi no existieron equivalencias ante un cuadro que nada tiene que ver con aquel que le pegó el cachetazo más doloroso de la historia del más grande.

Hoy River vive otro presente. El último título le dio ese empujón clave para agrandarse, para plantarse en la cancha y decidir cómo se juega. Aunque en las últimas fechas lo pusieron en jaque Arsenal, Lanús, Boca y un rato Newell’s, al que finalmente le ganó luego de tres empates, el equipo de Gallardo tiene un plus.

Ya sabía que los escoltas habían ganado. Sin embargo, el técnico entendió que este el partido ideal para implementar una rotación y dosificar algunas cargas. Por eso apareció Solari como 4, Guido Rodríguez de 5, Balanta debutó en este ciclo y regresaron los seleccionados Vangioni y Gutiérrez.

River no estuvo preciso ni picante en los últimos metros hasta la media hora de juego. Usó mucho las bandas, con los laterales yendo prácticamente juntos para quebrar el 4-4-1-1 que implementó Zielinski. Pero carecía de juego interno, sobre todo porque ni Pisculichi ni Teo podían gravitar ante la gran cantidad de piernas celestes.

Belgrano cortaba el ritmo, estaba bien plantado, ordenado. Hasta hacía tiempo, con Olave como bandera de esa resistencia que es parte de la estrategia de muchos rivales de River. Por cualquier golpe o pelotazo, un jugador cordobés se tiraba al piso.

Hasta que a los 33 se rompió el plan visitante. River empezó a jugar de verdad. Un hermoso pase de Rojas, encontró a Vangioni, quien la cruzó ante la salida de Olave. Tanto fue el lateral… que iba a tener su premio. Clave fue la pausa del Chino para soltarla justo, en tiempo y forma para la entrada vacía de su compañero.

En el complemento, River comenzó dormido y Belgrano se adelantó unos metros. El Picante Pereyra tuvo el empate, pero le entró mordido al zurdazo que contuvo Barovero.

Gallardo entendió que necesitaba más frescura en la zona de creación. Pisculichi, fundido, le dejó su lugar a Driussi, que en inferiores supo jugar de enganche. Aunque River seguía quieto. Por eso Barovero se tuvo que poner la ropa de salvador y descolgar del ángulo un derechazo de Rigoni. Un equipo con altas aspiraciones también debe contar con un arquero que lo salve cuando sea necesario. Pasó con Newell’s, ocurrió también con Belgrano.

Entró Mercado para tener más seguridad y juego aéreo. Rigoni se estaba haciendo un festín con Solari. Y Boyé ingresó por Mora para ganar frescura adelante. Al toque, cayó el segundo. A River lo tenés que matar, de lo contrario cuando se prende de nuevo, estás listo. Sánchez, más liberado para atacar que para ayudar al lateral, desbordó por derecha y Teo Gutiérrez conectó de primera el centro para poner el 2-0. Al rato vino el tercero con la misma fórmula. Letal toque hacia atrás del uruguayo, pase a la red del colombiano. Golazo. 3-0.

Las individualidades, en su peor momento, sostuvieron al equipo. Y River depende sí mismo. Los demás depende que River se caiga.

Imagen: Nicolás Aboaf