De cabeza al campeonato

River no podía por abajo, pero quebró a Newell’s por un cabezazo de Funes Mori. Un éxito que puede ser determinante para lograr el bicampeonato. Sigue invicto y puntero. ¿Quién lo para?

En un estadio adverso (de las últimas 10 visitas había ganado una, empatado otra y perdido ocho veces), River tenía la chance de despegarse de Lanús e Independiente, que empataron sus respectivos partidos. Y lo hizo. Le costó, pero lo logró. Se sobrepuso a las adversidades, a los jugadores que extrañó, al juego incómodo que le propuso Newell’s. Ganó, sigue puntero e invicto. Le lleva 4 puntos a su inmediato perseguidor, el Granate, y acumula 24 partidos sin conocer la derrota.

En el primer tiempo, directamente no pudo imponer su juego. Lució incómodo. Lo complicaron con su propia medicina: la presión. Con Bernardi como eje para mover la pelota de un lado a otro. Y con Barovero como figura como hacía tiempo no ocurría. Toda una señal de lo mal que la estaba pasando el equipo de Gallardo.

Aún sin ser peloteado ni mucho menos, Trapito había sido clave para tirar al corner un remate desde afuera de Orzán y achicar excelente ante una entrada de Muñoz.

¿River qué genero? Apenas dos cabezazos de Mora, uno controlado en un tiempo por Ustari y otro que terminó en el techo del arco. Poco para un equipo que venía mostrando mucha voracidad de cara al arco rival.

River puso la vara tan alta con su juego en el torneo que cuando lo superan parece un drama. Y no es así. Hay momentos y hay rivales. Y también hay algunos jugadores bajaron su nivel.

Se extrañaron las trepadas de Vangioni. Gallardo puso a Funes Mori de lateral izquierdo porque el Piri está con la Selección y porque Urribarri, evidentemente, no le entregó las garantías suficientes para darle la 3 titular. Además, el buen momento de Pezzella lo metió de prepo entre los titulares. River, en apariencia, perdía en salida, pero ganaba en marca y juego aéreo. A la larga se iba a notar este detalle. Pero cuando Newell’s se decidió a ir por la derecha, al mellizo le costó hacer pie.

Otro que sufrió en el medio fue Ponzio. A esta altura no vale extrañar a Kranevitter cada vez que Leo no tenga su mejor actuación, porque se sabe que al tucumano no lo va a tener hasta el año que viene. Pero Ponzio, sin descollar, venía jugando bien. Sencillo, sin complicarse, venía cumpliendo. En Rosario fue el viejo Ponzio, el de traslado lento e improductivo. Luego se acomodó y levantó.

Arriba, el pibe Boyé puso ganas e intentó involucrarse en el circuito de juego, pero sin Teo Gutiérrez se pierde jerarquía, peso ofensivo y gol. En algunos puestos, la diferencia es abismal. Porque son las características individuales las que entregan una impronta colectiva.

En el segundo tiempo, Newell’s salió a apretar en busca de la ventaja. Sabía que un triunfo lo ponía muy cerca de River. Pero comenzó a asumir riesgos y sus defensores a veces quedaban mano a mano para marcar. Y en el juego de arriba daba ventajas. Mercado metió un cabezazo impresionante y la atajada de Ustari fue colosal. Al minuto, un toque de Boyé dio en el palo y recorrió la línea de meta.

A esa altura, River ya había emparejado las acciones. Y de tanto ir por arriba, el gol llegó. Mercado había tenido que salir por una lesión, pero el guante de Pisculichi apuntó a la cabeza de Funes Mori, que metió un frentazo certero para poner la ventaja.

En los últimos 20 minutos, Gallardo armó un 4-4-2 con Guido Rodríguez cerca de Ponzio para contener los embates rosarinos. Y lo bancó. Newell’s no llegó más, como acusando el terrible golpe que le había asestado ese gol del mellizo. Ni siquiera el ingreso de Scocco le dio profundidad adelante.

Por como se dio el partido, fue un triunfazo el que consiguió en el Parque Independencia, donde hacía 7 años y 8 meses que no se llevaba los tres puntos. El campeonato, más que antes, como nunca, depende de River.