Se hizo un picnic

En el día de la primavera, las flores y el fútbol lo puso River. 4-1 a Independiente con goles de Pisculichi, Rojas, Teo Gutiérrez y Mora para seguir en la punta del torneo. Ah, y tiene un partido menos.

Un día como hoy, pero en 1941, La Máquina, posiblemente la delantera más famosa y fabulosa de la historia del fútbol argentino, goleaba 4-0 a Independiente. 73 años más tarde, la máquina de Gallardo le dio una soberana paliza al Rojo. En el día de la primavera, en Núñez hubo picnic.

Cierto que fue de noche, horario incómodo para esa multitud que copó el Monumental y otra vez se fue llena de fútbol. Porque eso fue River. Un equipo voraz en ataque, que sólo tardó dos segundos (sí, dos segundos) cuando sacó Independiente y recuperó el balón por Carlos Sánchez. Fue una tromba. Y sigue puntero con un partido menos (el jueves ante Arsenal).

Independiente avisó que iba a venir a atacar. No pudo. Por mérito de River, que no lo dejó acomodarse al partido. De movida se abrió el trámite con un gol de Pisculichi de tiro libre y la historia se allanó.

El Rojo plantó 5 defensores, aunque buscaba salir desde abajo. Imposible. El ahogo de River le hacía imposible un traslado prolijo. Igual, los de Almirón molestaron con un tiro de Montenegro y un cabezazo de Mancuello, situaciones bien resueltas por Barovero. De juego poco y nada. Se insiste: por mérito del cuadro de Gallardo.

Tanto fervor millonario hizo que a los 20 minutos ya tuviera amonestados a Vangioni, Sánchez y Kranevitter, los tres por faltas a destiempo. Al palo jugaba River, todo por esa idea tan gratificante de hacer un gol y querer otro. Encima, perdió al Colo, fundamental en la presión y la correcta distribución, por una lesión. Entró Ponzio, de diferentes características.

Como viene ocurriendo, River fue por más. Lejos de meterse atrás, aunque de a ratos quedaba largo y se exponía, buscó el segundo. Casi llega por un tiro de Sánchez que reventó el travesaño luego de un pase del todo conceptual de Teo Gutiérrez, siempre bien acomodado para pasar con perfil favorable para su compañero.

Hasta que el segundo llegó. Nadie marcó a Rojas a la salida de un corner. El Chino tomó un rebote y la puso contra el ángulo. Golazo para irse 2-0 al entretiempo.

En el complemento, Almirón, con el cambio de Pizzini por Ojeda, evidenció que le había errado feo al planteo inicial. Volvió a la línea de 4 e intentó acomodar mejor al equipo. Pero River no lo dejó. Continuó voraz y apostó a sentenciar la historia, pero Rodríguez se lo evitó a Mora.

Golpeado, el Rojo fue y en su mejor jugador, ese que maquilla los problemas de funcionamiento, encontró el descuento que le dio vida en el partido. Mancuello le puso la cabeza a un centro desde la derecha y puso el 2-1.

De pronto, Independiente comenzó a llevar las riendas como nunca había logrado en el partido, aunque sin llegar con peligro al arco de Barovero. River había perdido la pelota, por eso Gallardo sacó a un fundido Pisculichi y puso al pibe Tomás Martínez. Y en el peor momento, Teo, el vivo de Teo, aprovechó un error garrafal de Tula, que dejó corto el pase hacia atrás, el colombiano esquivó a Rodríguez y definió con el arco a su merced. 3-1.

¿Listo? ¿River cerró la persiana? Nada que ver. Faltaba la frutilla del postre, ese golazo de Mora por encima de Rodríguez, un toquecito de zurda delicioso. Como el picnic que se hizo este equipo de Gallardo con Independiente.

Imagen: Nicolás Aboaf