A puro fútbol, los mira a todos desde arriba

River no para. Le ganó a Tigre 2-0 con dos goles de Mora y llegó a la punta en soledad. El equipo de Gallardo cada día juega mejor.

River no detiene su marcha. Juega bien, de a ratos muy bien, hoy es el que mejor lo hace en el fútbol argentino. Por eso mira a todos desde arriba. Por eso es puntero. Y en cada partido afirma su gran momento.

No se queda con lo realizado. Sabe que no alcanza. Hace 17 partidos que no pierde. El envión del título no relajó a nadie. Gallardo logró convencer rápidamente de su idea a estos jugadores. Y River va. ¿Alguien lo parará?

El cansancio hace mella, pero las ganas pueden más. El Muñeco dudó en poner lo mejor, pero exceptuando a Teo Gutiérrez, con su selección, apostó por diez de los once que comenzaron ante Godoy Cruz por la Sudamericana. Sólo volvió Vangioni. El esfuerzo no se negocia. El juego tampoco.

River lo apabulló a Tigre. En el primer tiempo le llegó cinco veces aunque sólo puede meter una. García era figura, porque le había sacado un tiro a Mora, un cabezazo a Boyé y otro al uruguayo, quien en la cuarta se desquitó. Una excelente maniobra fue culminada con un imponente zurdazo que se clavó en la ratonera. Golazo. Por el pase de Rojas, por el toque de pecho de Sánchez y por la mejor definición de Mora. De tanto ir, el grito llegó por decantación.

Al menos en los primeros 45 minutos, no existió la voracidad de otros días, pero lejos estuvo River de caer en el caos. Kranevitter manejó el ritmo. A puro quite, presión y criterio para pasarlo, el 5 marcó la línea de donde jugar el partido.

Con la ventaja, como pasa siempre en estos tiempos, se defendió atacando. No le dio tiempo al rival para que despertara. Hizo uno y quiso más. ¿Tigre? Nada. Un dato: recién a los 41 minutos Barovero tocó la pelota después de un remate (un centro sin peligro) de un jugador de Tigre.

En el complemento, River salió decidido a matar al Matador. Rojas, otro que cada vez juega mejor, metió un puñal con ese centro atrás y habilitó a Mora, quien acribilló a García. 2-0. Asunto liquidado a los 47 minutos.

¿Se quedó con eso? Ni por asomo. Quiso más, buscó más. Mora casi convierte su primer hat trick, pero se encontró con García. Boyé tenía ganas de meterla. Vangioni se animaba desde lejos. Lo mismo Rojas. Pisculichi merodeaba el área. Entró Driussi y lo tuvo. Hasta Funes Mori se animó y se mandó al área. Arrancó la jugada y no se quedó, la terminó como 9, aunque le pegó mal.

¿Tigre? Nada, prácticamente no pateó al arco ni con tres delanteros. Todo por mérito de un River que lo borró y que no claudicó en su idea. Hasta Gallardo se dio el lujo de darle minutos a Ponzio por un Kranevitter colosal, pero fundido físicamente.

A eso deberá prestarle atención River: a que no le funda la máquina. Las ganas y el ánimo bancan todo. Igual, físicamente luce muy bien, aunque algunos soldados empiezan a sentir el desgaste. Desde el juego, el desafío es sostenerse. En nivel y resultados. Pero River manda y los mira a todos desde arriba.

Imagen: Nicolás Aboaf