Un premio a la insistencia

En el choque de ida de 16vos de final de la Copa Sudamericana, River iba camino al 0-0 con Godoy Cruz, pero en la última pelota lo ganó con un cabezazo de Pezzella. El equipo de Gallardo no estuvo fino con la pelota y le faltó pimienta arriba, aunque siempre lo quiso ganar. El Tomba lo complicó de a ratos y ahora la historia se cierra en el Monumental el jueves 18.

Por obstinado, por insistente, por su fe. River lo ganó en Mendoza con un cabezazo agónico de Pezzella cuando la historia iba camino al 0-0. No la pasó definitivamente mal en Mendoza, pero River no fue el mismo que ganó, gustó y goleó en ese mismo escenario hace apenas diez días. Fue superado de a ratos, pero se llevó una ventaja que parece ser decisiva para la serie. Igualmente, no fue la mejor versión. Godoy Cruz esta vez no fue inocente y el equipo de Gallardo no estuvo preciso.

Con el antecedente del 4-0 del 24 de agosto, Mayor tomó nota de los errores que le provocaron estar tres goles abajo en media hora. Mandó a tapar con López la salida de Kranevitter e hizo lo propio sobre los costados para que no salgan lanzados Sánchez y Rojas. En definitiva, el Tomba salió apretar y que River no progrese con precisión en velocidad, rasgos que viene mostrando este equipo de Gallardo.

De movida se supo que ese sería el trámite. Porque no todos los partidos son iguales, no siempre se puede golear en 30 minutos. Igualmente, River tuvo la más clara en su primera llegada fondo. Sánchez recibió un centro desde la izquierda, Moyano la sacó para un costado y en el rebote Pisculichi intentó asegurarla contra un palo, aunque el zurdazo se fue ancho. Fue la única llegada importante en la primera etapa, más allá de un tiro de Mora que casi termina en gol en contra.

A River se le notaba la incomodidad. Los puntas estaban aislados. A Boyé le costaba entrar en juego y Mora no descargaba de primera. Como si se extrañara la calidad y la lucidez de Teo Gutiérrez. Y había nervios. Como cuando Funes Mori se trenzó con Ramírez. El 6 pegó sin pelota, aunque no fue una agresión alevosa. Trucco no la vio, pero sí observó el topetazo del delantero, que tendría que haber sido expulsado. Para “compensar” el juez optó para amonestar a Tito, que era lo que correspondía en primera instancia con el mellizo. Encima, en el segundo tiempo el punta le pegó a Sánchez y Truccó lo perdonó.

Volviendo al fútbol, en el final del primer tiempo, Godoy Cruz pudo ponerse en ventaja, pero González la tiró al Parque San Martín entrando vacío por izquierda.

En el segundo, River arrancó más arriba, pero le faltó precisión, sobre todo en los mediocampistas. Pisculichi, independientemente de su gran pegada de media distancia, no estuvo fino. Rojas, casi siempre preciso, erró más de lo habitual. Y los puntas siguieron en otra historia. ¿El desgaste físico por la acumulación de partidos pudo haber influído? Sólo lo saben los jugadores, pero Mercado tuvo que salir por una molestia. Lo cierto es que River no estaba bien con la pelota.

Por eso, Gallardo eligió perder una referencia arriba para ganar consistencia en el manejo y mandó a la cancha a Tomás Martínez por Boyé. Pisculichi, desvío mediante en Moyano, reventó el palo y en el rebote Sánchez la tiró afuera. Mora lo tuvo de cabeza, Sánchez desde afuera. Los uruguayos se encontraron con un seguro Moyano. Y parecía que no pasaba mucho más. Hasta que llegó ese centro hermoso de Pisculichi y ese testazo de Pezzella.

Anda derecho este River del Muñeco…