Acá está el campeón

Con solidez y prepotencia ofensiva, River le ganó 2-0 a Rosario Central con goles de Teo Gutiérrez y Pisculichi. Lo mejor de la era Gallardo en el estreno en su casa, el Monumental.

River necesitaba jugar bien y ganar. Para que Gallardo trabaje más tranquilo en este período de transición y pocos refuerzos. Pero con lo que hay, el equipo tuvo una actuación sólida y efectiva. Por algo el técnico hizo cinco cambios, cuatro tácticos y uno obligado por la lesión de Barovero. Estos le dieron más orden, precisión en el toque, profundidad y peso ofensivo. Todo lo que River no había tenido en el pálido empate con Gimnasia.

Un dato: antes del partido el césped del Monumental fue regado y “peinado” varias veces por un máquina. Esto fue pedido por el Muñeco con la intención que la pelota corra más rápido. Y eso se advirtió en la primera parte.

River salió agresivo, a llevarse puesto a Central. Kranevitter le dio más presencia en el círculo central y el resto se fue contagiando. Recargó más el juego por el costado derecho con el tándem Mercado-Sánchez. Y el uruguayo tuvo la primera clara: luego de un taco de Rojas que desarmó al fondo Canalla, el 8 buscó ponerla por encima de Caranta, pero se fue alta.

Siguió voraz y comenzó a volcar el juego por la otra banda y después de una asociación Vangioni-Rojas, el ex Newell’s tiró un puñal en el área y Teo, un 9 que no es 9, no tuvo más que tocarla hacia la red.

Con la ventaja, River no reculó, continuó atacando. Y pudo ampliar la ventaja. Una volea hermosa de Teo exigió a Caranta, que mandó la pelota al corner. Luego Mercado cabeceó sin fuerza. Y hasta Rojas, que jugó cerca de la banda y no cerrado como hacía con Ramón Díaz, se erró un gol increíble con el arco a su merced, pero le apuntó al palo.

En ese contexto, Central no la agarraba. Por eso Russo tuvo que mover el banco en el primer tiempo (Becker por Medina) para tener más la pelota. ¿La tuvo? No. River se lo impidió. Y Chiarini fue un espectador de lujo. La intensidad, apoyada en un estado físico impecable, justificaban el parcial éxito.

Gallardo quiere que vayan al ataque los dos laterales a la vez y que los volantes por los costados no queden tan abiertos para achicar con el volante central y los zagueros. Esto mostró algún leve y hasta lógico desequilibrio. Pero sólo en una acción lo agarraron mal parado y Maidana tuvo que cruzarse para salvar milagrosamente la situación cuando el pase de Abreu dejaba en soledad a Niell con el arquero.

En la segunda parte, Central salió un poco más, aunque no tenía claridad. Todo se reducía a llegar a tres cuartos y lanzar para Abreu. River, sin la postura del primer tiempo, llegaba, primero con una media vuelta de Mora que exigió a Caranta, luego con un tiro de Sánchez que rozó el palo y más tarde mediante un cabezazo de Vangioni. La cuestión era no dormirse, no dejar crecer a los de Russo.

Y River lo liquidó. Tardó, es cierto, pero valía la pena esperar para ver la definición premium de Pisculichi. Doble enganche, Berra quedó hecho una madeja y golazo de zurda, inatajable para Caranta. 2-0.

La historia de Gallardo en el Monumental comenzó bien. Quizás mejor de lo esperado. Apareció el campeón.